La neurociencia estudia la relación entre las funciones cognitivas
y emocionales y el cerebro intentando brindar un contexto de comprensión a la
expresión de nuestras conductas. En la década del '90 el científico Stephen
Porges ofreció un modelo neurobiológico que nos permite entender cómo las
conductas defensivas producen una reacción disruptiva en nuestra capacidad de
regular las emociones y comportamientos. Ese modelo también intenta explicar
por qué esto erosiona nuestra autoconfianza y seguridad.
Según la neuróloga infantil e instructora de mindfulness Lorena
Llobenes, de esta teoría “se desprende que, en los humanos, el mismo sistema
que promueve los vínculos seguros es el que promueve el bienestar
físico y psicológico, es decir la forma en la que conectamos
con otros, nos hablamos, nos miramos, los gestos que hacemos, las posturas que
adoptamos… todas son señales que enviamos a los demás y que impactan en su
fisiología. Nuestros sistemas nerviosos están en constante relación y mutua
afectación”.
Según Llobenes, integrante del equipo de Motivación compasiva, “esta función de cuidado que compartimos con los mamíferos evolucionó
gracias a los cambios que ocurrieron en la forma de comunicarnos y enviarnos
señales de amenaza o seguridad entre nosotros. Para darle soporte a esta
función, Porges describe en 2009 la evolución del sistema de conexión social de
los humanos que está conformado por nervios que inervan la cara, cabeza y
cuello y por una rama del nervio vago, el vago ventral que inerva bronquios y corazón,
de esta forma es que anatómicamente este sistema ‘cara-corazón’ integra
la regulación de las vísceras con la regulación de los músculos de la cara,
cabeza y cuello. Esto nos permite conocer e influir en nuestro estado visceral
a través de vocalizaciones, tonos de voz, expresiones faciales y posturas, que
sirven como claves de amenaza o seguridad que enviamos a otros. Tenemos un
corazón en la cara y lo entonamos con la voz, dice Porges. Este vago ventral
que forma parte del sistema de conexión social cara-corazón es el que nos
conecta con la calma, la salud, la digestión, el crecimiento y la restauración”.
Estar bien es estar seguros y
protegidos
“Es así como entonces -prosigue la profesional- frente a una
mirada amorosa, un gesto amable o un tono de voz melódico liberamos
oxitocina que promueve una conexión segura,
reciprocidad y confianza junto a una activación óptima de nuestra fisiología y
homeostasis dándonos salud y mayor bienestar, mayor posibilidad para regular
emociones, mejores habilidades sociales y mayor resiliencia”. Si por lo
contrario, lo que recibimos del otro o del medio son más señales de amenaza que
de seguridad, por ejemplo gestos de rechazo o indiferencia, miradas de
desaprobación o de desconfianza, esto hará que perdamos esa conexión segura
entre nosotros. Es como si el nervio vago ventral quedara offline, y nos
volvemos más proclives a entrar en estados defensivos.
“Para protegernos de las amenazas, nuestros sistemas nerviosos
tienden a ejecutar respuestas defensivas como la 'movilización' ejecutada
por el sistema simpático -continúa Llobenes-, que produce la liberación
de adrenalina y cortisol, el cual nos prepara para luchar o
huir y que pueden manifestarse como ansiedad, agresividad, irritabilidad,
negación, evitación o sumisión. Si la amenaza continúa y no tenemos los
suficientes recursos para afrontarlas podemos entrar en estados de
inmovilización (freezing), estas son respuestas
muy antiguas que heredamos y compartimos con los reptiles, imagínense lo que
hacen las tortugas cuando se sienten amenazadas y se meten adentro del
caparazón. Estas respuestas son ejecutadas por otra rama del nervio vago, la
rama dorsal, por eso la llamamos teoría polivagal: el nervio vago tiene
entonces dos ramas, una más antigua, la dorsal relacionada con estrategias
defensivas de inmovilización y una más nueva que forma parte del sistema de
conexión cara-corazón”.
El sistema polivagal en épocas de
pandemia
Ya describimos cómo funciona este sistema polivagal. Estamos
entonces en condiciones de pensar cómo se comporta éste en tiempo de pandemia.
Si decimos que nuestro sistema nervioso busca co-rregular sus
emociones usando el contacto con otros como antídoto para disminuir amenazas y
sentirnos seguros y más calmos (rama ventral del nervio vago): ¿cuánto nos
afectará no estar en contacto con esas personas que
nos dan seguridad, afecto, contención, calma? ¡Pues muchísimo! Y, para colmo,
como dice la profesional, “estamos inclusive limitados por el distanciamiento
físico y social y por las señales de amenaza que recibimos muchas veces de
quienes nos lideran y comunican la información”, lo que nos hace
inconscientemente refugiarnos en estados defensivos.
Pensemos el Zoom por ejemplo, cuando no nos escuchamos bien, o no sabemos si
somos percibidos del otro lado, o hacemos algún papelón dejando abierto el
micrófono: ¿no es acaso ocasión de vergüenza, abochornamiento y fuerte
sensación de vulnerabilidad? Lorena lo plantea claramente: “Esta crisis nos
deja frente a la paradoja de tener que evitar el virus y el contagio y la de
la fuerte necesidad biológica que tenemos como
humanos de conectar, sentir seguridad y confianza. Esta
paradoja de querer, necesitar y no poder nos interpela, nos perturba, y si a
esto le sumamos nuestra incertidumbre económica el combo es explosivo y
peligroso”.
Tips para activar el vago ventral
Desde la neurociencias sociales y afectivas sabemos que el
autocuidado y el contacto social amoroso y contenedor favorecen la resiliencia
y ayudan a fortalecer el sistema inmune y a prevenir enfermedades, y por eso
vamos a ofrecer algunas ideas/sugerencias de cómo puedo generar claves de
seguridad para activar el vago ventral y sentirme más conectado, más seguro y
saludable, dice Llobenes. No son recetas, aclara, pero puede servir:
• Respirar haciendo que la exhalación sea un poco más larga que la
inhalación por unos minutos
• Suspirar, lo podemos hacer intencionalmente cuando notas que te
estás activando, es algo sencillo y accesible
• Moverte, bailar, ejercitar
• Automasaje
• Activar el olfato y el sabor
• Recurrir a la imaginación, visualizar, traer recuerdos que
evoquen seguridad y calma
• Conectar con la Naturaleza, aunque sea a través de imágenes
• Música, cantar, vocalizar
• Conectar con personas que me hacen sentir bien, que me nutren y
calman
• Usar cosas pequeñas como recuerdos, visualizaciones, olores.
Ojalá estas guías puedan ayudar a que, cada tanto, cargues nuevas
energías hasta que podamos volver a los abrazos y el afecto explícito.
MR
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