Mártir, 12 de
Agosto
Elogio:
En Catania, de Sicilia, san Euplo,
mártir, que, según la tradición, durante la persecución desencadenada por el
emperador Diocleciano, fue encarcelado por el gobernador Calvisiano por haber
sido encontrado con el libro de los Evangelios entre las manos, e, interrogado
de nuevo, respondió que se gloriaba de tener los Evangelios en su corazón, por
lo cual fue flagelado hasta morir.
El 29 de abril
de 304, durante la persecución de Diocleciano, un hombre llamado Euplo o Eruplo
gritó frente a la corte del gobernador de Catania, en Sicilia: «Soy cristiano y
estoy pronto a morir por mi fe». El gobernador, Calvisiano, mandó que trajesen
inmediatamente a su presencia al autor de ese reto. Euplo se presentó ante el
gobernador con un libro de los Evangelios, por lo cual uno de los circunstantes
le dijo: «Los emperadores han prohibido esos libros».
Calvisiano: ¿De dónde sacaste esos libros? ¿De tu
casa?
Euplo: No tengo
casa, como el Señor lo sabe bien.
Calvisiano: ¿Son tuyos
esos libros?
Euplo: Ya lo veis.
Calvisiano: Sí, ya veo
que están en tu poder. ¿De qué clase de libros se trata? Léeme algo de ellos.
Euplo: Los conozco
casi de memoria. Son los Evangelios según San Mateo, San Marcos, San Lucas y
San Juan.
Calvisiano: ¿Y qué
significa eso?
Euplo: Es la ley del
Señor, que yo he recibido de Él.
Calvisiano: Alguien tuvo
que enseñártela.
Euplo: Acabo de
decirte que la recibí de Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios.
Calvisiano: ¡Basta!
¡Conducidle a la prisión!
Más de tres
meses después, el 12 de agosto, Euplio compareció de nuevo ante el gobernador.
Calvisiano: ¿Qué me
cuentas de nuevo?
Euplo: Te repito lo
que te dije la primera vez que te vi.
Calvisiano: ¿Conservas
aún esos malvados libros?
Euplo: Sí.
Calvisiano: ¿Dónde están?
Euplo: En mi
interior.
Calvisiano: Si todavía
los tienes, muéstralos.
Euplo repitió: «Los tengo en mi interior» y,
con un gesto indicó al gobernador que los sabía de memoria.
Entonces Calvisiano
le condenó a ser torturado hasta que confesase a los dioses. Como todo
resultase en vano, el gobernador le exhortó nuevamente: «Los enemigos de
nuestras ilustres divinidades y cuantos se atreven a desafiar a los emperadores
y persisten en sus crímenes, morirán cruelmente. Euplo ha dicho necedades ante
esta corte, y yo le conjuro a retractarse si no quiere morir». Pero las
palabras de Calvisiano no produjeron efecto alguno sobre Euplo, quien fue
condenado y murió decapitado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario