Mártir, 18 de
Septiembre
Elogio:
En el
territorio de la Galia Vienense, san Ferreol, mártir, que, según la tradición,
gozando de la potestad propia de los tribunos rehusó detener a cristianos, por
lo cual, apresado por mandato del prefecto, fue cruelmente azotado y
encarcelado. Evadido y capturado de nuevo por sus perseguidores, finalmente fue
decapitado, y recibió así la palma del martirio.
Patronazgos: patrono de Marsella y de los prisioneros.
De acuerdo con
la «pasión» de este mártir, Ferreol era un tribuno que vivía en la ciudad de
Vienne, en las Galias. Era cristiano y practicaba en secreto su religión. San
Julián de Brioude, natural de la misma ciudad, quien hizo pública profesión de
fe, vivió en la casa de Ferreol. Cuando se inició la persecución y después de
que san Julián había sido martirizado, Crispín, el gobernador de aquella parte
de las Galias, mandó aprehender a Ferreol por haber desobedecido la orden de
arrestar a los cristianos. Crispín hizo ver al tribuno que si el Estado le
pagaba un sueldo como oficial militar, le correspondía dar a los demás un
ejemplo de obediencia. El tribuno respondió: «Yo no tengo un aprecio desmedido
por el dinero. Si se me permite vivir y servir a Dios, me doy por satisfecho y
bien pagado. Pero si aun eso os parece demasiado, estoy dispuesto a renunciar a
la vida, antes que abandonar mi religión». El juez mandó que fuese azotado y
echado luego al pozo de la prisión en el que se vertían las aguas sucias de
todo el establecimiento. Al tercer día, el poder de Dios rompió las cadenas que
sujetaban sus brazos y sus piernas dentro del pozo, de manera que Ferreol
escapó y pudo huir de la ciudad por la puerta que conducía a Lyon. A nado por
las aguas del Ródano, consiguió llegar hasta la desembocadura del río Gére, que
se une con el Ródano cerca de Vienne, pero ahí cayó de nuevo en manos de sus
perseguidores, quienes le condujeron atado de pies y manos hasta el lugar donde
iban a matarle. En las riberas del Ródano fue decapitado, y los cristianos de Vienne
sepultaron su cadáver, con gran veneración, en las proximidades del río. En
poco tiempo se levantó una iglesia en el sitio de su sepultura y, de ahí,
trasladó san Mamerto sus reliquias, alrededor del año 473, a una iglesia
construida especialmente para guardarlas, dentro de la ciudad de Vienne.
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