San Eustracio era un armenio de buena familia. Orestes, que era soldado, se convirtió al ver la fortaleza con que Eustracio soportaba la tortura. San Eugenio era su criado, y Mardario y Auxencio eran dos amigos suyos que intercedieron por él. Las reliquias de estos mártires reposan todavía en la iglesia de San Apolinar. Las «actas» de San Eustracío son un ejemplo de la forma en que ese género de documentos -destinado originalmente a guardar memoria del hecho- se interpolaba y amplificaba con fines didácticos y de edificación. En efecto, en las actas aparece el mártir discutiendo largamente con el magistrado y cita pasajes de Platón y de los poetas para confirmar sus argumentos.
Lamentablemente, el relato tradicional está contaminado por el de los «Cuarenta mártires de Sebaste», por lo que, aunque se puede aceptar la historicidad fundamental del grupo, no es ya posible precisar nada de su historia, ni vincularlos con la época de Diocleciano. Si el martirio se ubicara en Sebaste, debería hoy situarse en Turquía (en la actual Sivas), muy lejos de las fronteras de la Armenia de nuestros días, pero despojada la leyenda de sus datos espurios, no hay ninguna razón para localizar la escena en Sebaste.
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