¿Has visto la película de Alicia en el país de las
maravillas? Si mal no recuerdo, en la caricatura de Disney que lleva el
mismo nombre hay una escena donde Alicia pregunta al gato: «¿cómo puedo salir de aquí?» El gato le responde: «eso depende de a dónde quieras ir».
Alicia le dice: «no lo sé». El gato,
finalmente, apunta: «entonces no importa
por dónde salgas».
Cuántas veces somos como Alicia. Queremos salir de nuestra
rutina, queremos novedades en la vida o queremos dejar atrás lo que ya no nos
gusta: el trabajo o el estudio. Queremos casi cambiar en su totalidad la vida
que llevamos. Pero no sabemos para qué lo queremos. En este sentido, es cada
vez más común la poca constancia en diversas actividades en la vida de la
gente, especialmente en las jóvenes generaciones. Podemos ver lo frágil que es
la constancia en estudios universitarios, en los noviazgos, en la amistad. Es
una constante cada vez más común en nuestra sociedad: querer cambiar pero sin
saber por qué, ni cómo ni a dónde.
Comenzar con el fin en la mente. Ese debe ser el inicio.
Fijar una meta. (Evidentemente pensamos en un fin bueno, lejos totalmente de
quienes sí tienen un fin, pero empeñado en hacer el mal). Encontrar lo que
queremos ser en la vida y luego trabajar por alcanzarlo. Sean Covey, en «Los 7
hábitos de los adolescentes altamente efectivos» dice que este es un hábito
primordial porque marca la pauta de lo que se quiere ser en la vida. Es como un
mapa, si no lo tienes no sabes a dónde debes ir. Un ejercicio que el mismo Sean
propone es imaginarnos cómo nos gustaría vernos en un año. Una vez pensado el
ideal, hay que poner los medios.
No las circunstancias sino nuestro
modo de relacionar
Sin embargo, hay que ser muy conscientes de que la
inconstancia se da por un motivo: las circunstancias. Es interesante lo que
dice Sean Covey sobre la carencia de principios sólidos. Sin principios que
rijan la vida se corre el peligro de andar como veletas sin rumbo. En cambio,
quien basa su vida en principios permanece firme como un faro en medio de la
tormenta. Eso es lo que cambia: las circunstancias. Ellas son imprevistas,
volubles, dolorosas. El faro, pase lo que pase, no se mueve, porque tiene un
fin concretísimo.
Con ello queremos decir que lo importante en la vida no son
las cosas que nos sucedan. La vida, en sí misma es muy inestable. Lo importante
es nuestra manera de reaccionar frente a las circunstancias. Por eso es
necesario un fin en la mente, que dé sentido a la propia vida y la mantenga
firme en las más variadas circunstancias. Eso sí lo podemos controlar, en
cambio las circunstancias, no.
Si Alicia supiera a dónde quiere ir, tal vez hubiera sido más
fácil la salida. LIB
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