12 de junio, día
mundial contra el Trabajo Infantil
Se trata de hacer evidente una realidad lastimosa que nos
debe seguir interpelando nuestra conciencia y nuestras estructuras económicas
que orillan a los jóvenes y a los niños a dedicar su vida temprana al trabajo,
cuando su hacer en la vida es estudiar y jugar.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en el número
296 nos recuerda que “El trabajo infantil y de menores, en sus formas
intolerables, constituye un tipo de violencia menos visible, mas no por ello
menos terrible. Una violencia que, más allá de todas las implicaciones
políticas, económicas y jurídicas, sigue siendo esencialmente un problema
moral.
Según el INEGI 29% trabaja para pagar la escuela, 39% para
ayudar en la casa, 18% por aprender un oficio, 6% porque no quieren ir a la
escuela y 8% por otra razón. De los
niños y las niñas que realizan algún trabajo económico, 4% recibió menos de 1
salario mínimo 51% recibió algún pago que no sobrepasó 2 salarios mínimos, y
45% no recibió ninguna remuneración. Si
miramos con detenimiento, más del 50% de niños entre 5 y 17 años trabajan por
una razón que tiene que ver con la pobreza o con la falta de recursos
económicos. Evidentemente hay factores que afectan a esta realidad como la
ignorancia, pero el factor más sobresaliente se relaciona con el modelo
económico vigente.
No se puede culpar a los niños por trabajar y no estudiar, si
su realidad es que no pueden realizar las dos cosas. Qué oferta tiene la economía
de mercado que se lleva en México para los que no tienen las posibilidades de
ir a la escuela sin pasar hambre, qué ofrece este modelo económico a las
familias en materia de educación para darse cuenta que ir a la escuela más que
una opción es una necesidad de desarrollo para que estos niños no repitan la
misma historia unos pocos años después.
La doctrina social de la iglesia denuncia el aumento de la
explotación laboral de los menores en condiciones de auténtica esclavitud. Esta
explotación constituye una grave violación de la dignidad humana de la que todo
individuo es portador, prescindiendo que sea pequeño o aparentemente
insignificante en términos utilitarios. (Compendio, 296).
Las implicaciones son claras: la realidad económica, la falta
de educación y la pérdida de una conciencia moral hacen de esta realidad una
expresión más de violencia contra los miles de niños que vemos en las calles
sufriendo por el maltrato de los que por justicia y por dignidad los deberían
de proteger.
Recomendaciones:
1. Hagamos lo imposible por saber el origen de lo que
compramos, y si encontramos que proviene del trabajo infantil, denunciémoslo y
dejemos de consumir esos productos.
2. Impidamos que nuestros niños dejen la escuela por motivos
de trabajo, a veces los niños ven en la posibilidad de ganar dinero una forma
de falsa independencia, sin saber que sin estudios serán dependientes de un
trabajo casi de explotación.
3. Cualquier trabajo infantil casero con fines pedagógicos
que aporte a la economía de la casa, debe ser remunerado de alguna forma, ya
sea en especie o económicamente, en esta oportunidad podemos darle sentido al
cuidado de los bienes materiales.
4. En lo posible evitemos dar monedas o alimentar el trabajo
infantil, especialmente el de la calle. La calle no es un lugar digno para
estar y las acciones ‘bondadosas’ que generalmente realizamos pueden provocar
efectos contrarios a los deseados. Muchos niños explotados en la calle existen
porque hay personas que al regalar una moneda alientan esa explotación. Puedes
destinar esos recursos a instituciones que se dediquen a protegerlos, es una
forma más efectiva de ayudar.
Deseamos que estas recomendaciones abonen, aunque sea
mínimamente, en el cuidado de nuestros niños. PdelT
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