“Nada en la vida debe ser temido, solamente
comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos” Marie
Curie, física francesa.
Escuchar la palabra miedo, muchas veces produce
miedo. Y es que el miedo es una de las
emociones básicas necesarias que compartimos todos los seres humanos. Esta
emoción es vital para manejarse ante el peligro, para responder y adaptarse a
una situación de riesgo.
Todo miedo activa nuestro sistema de alarma y nos lleva a la acción para
reaccionar con cautela, defendernos, retirarnos… Los miedos nos llevan a buscar protegernos.
Hay miedos innatos, instintivos necesarios para sobrevivir, miedo al
abandono a la obscuridad, a un alacrán, a las alturas. También se teme el dolor
físico o emocional.
Otros miedos pueden ser aprendidos por una mala experiencia o por imitación
por ejemplo el miedo a los truenos, a la lluvia, a manejar un automóvil.
Hay otros miedos que llevan a actuar, a crecer, a superar retos. Son
situaciones difíciles que al enfrentarlas y superarlas colaboran en el
fortalecimiento de la autoestima tales como pasar un examen, exponer un tema en
público, conseguir un puesto importante en el trabajo.
Dentro de los miedos existen modalidades que
pueden llegar a grados altamente patológicos y postrar a la persona en una
depresión o parálisis. Una de ellas son las fobias,
ese temor intenso e irracional, de carácter enfermizo hacia una persona, cosa o
situación. Otro es el pánico que es un miedo repentino muy intenso y manifiesto
especialmente en situación de peligro. Y uno más la ansiedad, miedo extremo y
preocupación que perdura.
En ocasiones los seres humanos se crean miedos
inexistentes o distorsionan la realidad provocándose una inmovilización o huida
innecesaria. De esta manera las
personas se encarcelan a sí mismas, teniendo actitudes paralizantes,
aislamientos sociales y evitaciones para no enfrentar un peligro que en no
pocas ocasiones solo existe en la mente o que de ser reales, se pueden vencer
con un trabajo de exposición a las situaciones que se consideran peligrosas
hasta lograr superarlas. Estos miedos afectan la vida familiar, laboral,
social.
Finalmente existen miedos que pocas veces se
confrontan y que quizá son más urgentes y necesarios de resolver y que sin duda
nos llevarían a una auténtica libertad. ¿Por
qué se tiene miedo a profesar la fe, a actuar con justicia, a amar, a
solidarizarse con el necesitado, a salir del propio egoísmo? ¿Por qué no buscar
salir de estos miedos empezando por practicar la entrega con los que están en
nuestra propia casa?
Los resultados no se pueden lograr de la noche a la mañana, es necesario ir
dando pequeños pasos en la consecución del objetivo.
Algunos puntos que pueden ayudar a liberar los
miedos:
• Primero tomar conciencia de nuestros miedos, es parte
del autoconocimiento y primer paso para poder iniciar el trabajo.
• Aprender a respirar profundamente y a relajarse.
• Hacer una lista de los pensamientos que nos llevan a
temer, “soy muy tímido”, “siempre me pongo nervioso”, ”no logro hablar en
público” , “soy muy aburrido para los demás” y buscar renovarlos por
pensamientos donde la persona logra tener el control de sí mismo.
• Evitar “leer la mente”. Es decir dar por verdaderos los
juicios negativos que hacemos de las intenciones de los demás. Si una persona
hace una crítica a mi persona verlo como oportunidad de crecimiento y no como
una muestra de rechazo. Ver y agradecer un halago creyendo en la sinceridad de
las palabras. Tener una visión más optimista de la vida.
• Evitar amplificar los acontecimientos negativos, con un
pensamiento catastrófico, “todo me sale mal”, “nadie me comprende”.
Derribar estas creencias que perjudican. Recordar que no es el acontecimiento
lo que afecta sino la forma en que se percibe ese acontecimiento. Evitar la
percepción exagerada o distorsionada en cada evento.
• Hacer una lista de las consecuencias que se viven
a causa de los miedos, pérdida de libertad, de oportunidades de trabajo,
aislamiento social, timidez.
• Enumerar y jerarquizar los miedos en orden de
importancia. Prepararse y planificar la forma de afrontar y superar primero los
menos importantes, para ir ganando confianza y destreza; y posteriormente
enfrentar los más fuertes. Si se enfrentan y se consiguen pequeños logros se va
superando el problema. Si se evitan se refuerza el acto de seguir evitando y se
incrementa el miedo a enfrentarlo.
• Evaluar los resultados obtenidos. Y buscar enfrentar
situaciones que originalmente causaban temor.
• Si es un miedo aprendido, reaprender, es decir adquirir
un nuevo aprendizaje emocional. Buscar ayuda espiritual y psicoterapéutica.
En la Biblia se hace alusión 365 veces a no tener
miedo, desde el principio. Adán
cuando Dios lo llama se esconde por temor porque su desobediencia le había
mostrado su fragilidad humana. Qué bien conoce Dios la debilidad del hombre que
parece recordarle cada día del año que no tenga miedo de visitar a sus hermanos
presos, a sus hermanos enfermos, a los que tienen hambre material y espiritual,
que no tenga miedo de salir a su encuentro de abrazar, de sanar, consolar,
compartir, defender sus derechos, compartir su fe, sus conocimientos. Y todo
esto con la certeza del apoyo constante de Dios para superar cualquier tipo de
temor.
“No tengáis miedo que yo estaré con vosotros hasta
el final de los tiempos” Mt 28,19. MTGM
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