Esta
situación generó tristeza, preocupación, miedo, ansiedad, pues en esas
dificultades de aislamiento forzoso, nuestras sombras se hacían mucho más
presentes, y podían afectar a nuestro equilibrio mental. Había personas
que hacían broma de que no teniendo con quien hablar, se ponían a hablar
con la lavadora, con la secadora, o con otros electrodomésticos.
Además
esta crisis ha sido agravada con la carestía de precios, pérdida del trabajo,
han tenido dificultades en encontrar empleo cuando como pasa con casi la mitad
de los jóvenes. No llegar a final de mes supone para muchos un motivo de
inquietud.
En
esta situación se hace más difícil tener paz interior. Me gustaría comenzar aquí
unas reflexiones sobre la paz, y proponer una serie de pautas para vivir en
paz, especialmente cuando hay circunstancias adversas, pues la batalla no es
estar libre de dificultades, sino tener una interioridad rica con una paz
profunda sean cuales sean esas circunstancias externas.
¿Qué
es la paz interior?
Llamamos
paz a la ausencia de conflictos, y como no podemos controlar lo que pasa fuera
de nosotros, se refiere sobre todo a un estado del ser humano que vive en plena
armonía con Dios, consigo mismo, con los demás y con el universo. Es
tranquilidad y sosiego, quietud, armonía y equilibrio…
En
primer lugar, dentro de sí, en la interioridad y trascendencia de poder acceder
a Dios: el equilibrio llega cuando uno está a gusto, feliz, desarrollando el proyecto
que uno se siente llamado a vivir.
En
relación con los demás, la paz se tiene cuando uno vive con amor sus
relaciones, de modo donacional, es decir, de modo generoso, con transparencia,
sincero, abierto y fecundo.
Y
vivimos en armonía con el universo cuando respetamos la creación, nos sentimos
parte de ella, no como propietarios depredadores, sino como administradores, y
disfrutamos la naturaleza como un regalo que hay que transmitir a generaciones
futuras.
Se
puede estar en paz cuando hay tranquilidad exterior, cuando todo va bien,
cuando estamos satisfechos, pero esto no dura mucho: aparecen pronto
situaciones que no nos sientan bien. La razón principal de la paz no es la
ausencia de problemas externos, o aislarnos. Ese aislamiento no resuelve nada,
porque fuera hay ruido muchas veces, y esas interferencias penetran en nuestro
interior. Tener paz tiene por tanto una raíz interna: es que incluso cuando hay
dificultades, cuando lo exterior a nosotros se pone en contra, podemos estar en
paz dentro de nosotros, como el que está en el centro de un huracán pero
serenos; desde el ojo del huracán podemos sentarnos y ver el movimiento de todo
cuanto vuela a nuestro alrededor, y precisamente así es como mejor podemos
ayudar a los demás, estando centrados nada nos perturba y por tanto podemos
ocuparnos de los demás. Eso es tener paz.
Cuentan
del tren transiberiano que cruzaba grandes desiertos y que en su recorrido
pasaba por muchas tormentas de arena, con lo que el polvo entraba dentro y
contaminaba: ensuciaba a la gente, estropeaba las máquinas... y no podían
cerrar bien las ventanas y puertas, pues como por ósmosis se metía dentro el
polvo, pasaba entre las pequeñas aperturas y rendijas, no había forma de
aislarse de la suciedad exterior, por más que probaban formas de
impermeabilización. Al final se les ocurrió poner un compresor dentro de los
vagones, y vieron con sorpresa que al aumentar la presión interior, ya no
entraba nada impuro de fuera, no se ensuciaban ni se rompían las máquinas.
Ante
el ambiente que inficciona nuestra paz interior, no podemos estar en una
campana de cristal donde nada de fuera nos perturbe, eso no existe. Cuando
intentamos cerrarnos, lo de fuera acaba por contaminar siempre; y además hay
otra cosa, y es que si nos esforzamos solamente con fuerza de voluntad en
mantener la paz, sigue la crispación interior, no se resuelven así los
conflictos: la disciplina sin interioridad es como un muelle que se contrae, y
a la primera de cambio lo que estaba reprimido no puede aguantar más y salta.
Lo mejor es cultivar la interioridad, vivir en libertad sin cohibir expresiones
de carácter que luego se somatiza en estrés y angustias. Aumentar la presión
interior, permite vivir en libertad las circunstancias de cada día. Dejar
dentro algo no comprendido, como reprimido, es algo así como dejar el agua en
una balsa encharcada, que se pudre e infecta todo. El que tiene paz, tiene agua
limpia cuando ha llovido, pero está fluyendo en libertad, con el torrente de
agua del río, del mar, nunca se estanca ni se llena de podredumbre y de bichos…
queremos ser agua que corre, en libertad. Y para esto, se requiere profundizar
en la paz interior en todos sus aspectos… LPS
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