Para el cristiano, la Cuaresma es de
algún modo estar con Cristo en el desierto y enfrentar con Él las tentaciones
del Maligno. Quien se atrevió a tentar al mismo Hijo de Dios para desviarlo de
su misión, no ‘se tocará el corazón’ para hacernos caer en el pecado del
placer, del tener y del poder.
Analicemos
lo que podríamos llamar la psicología de la tentación, porque esto nos ayudará
a evidenciarla: ¿Qué es la tentación? La tentación es una fuerte atracción
externa que halla eco en nuestro interior. ¿Por qué sufrimos la tentación?
Porque somos libres. La tentación es la prueba de nuestra libertad. ¿Todos
somos tentados? Sí, de modo que todos estamos sometidos a las tentaciones. El
mismo Jesucristo se sometió a la tentación. ¿Las tentaciones son malas? Las
tentaciones son sólo tentaciones. El mal está en cuanto nos dejamos arrastrar
por ellas. Cuando caemos en su seducción, pero es un bien para nosotros cuando
logramos vencerlas.
Veamos
ahora cómo actúan; a esto podríamos llamarlo fenomenología de las tentaciones.
La
tentación se presenta como:
1.
Algo muy apetitoso a nuestros sentidos.
2.
Un reto a nuestra libertad.
3.
Una verdad que va a reafirmar nuestra personalidad.
4.
Algo que nos hará disfrutar y ser muy felices.
5.
Razones incluso con argumentos religiosos (bíblicos, teológicos o canónicos).
Pero
en realidad la tentación es un anzuelo. El que lo muerde se destruye. Aunque
quien se deja arrastrar por la tentación tenga una experiencia satisfactoria,
ésta será fugaz y sus efectos causarán estragos en la persona caída,
debilitando su voluntad (la próxima vez caerá más fácil), haciéndole perder la
gracia de Dios; ofendiendo a Dios, al prójimo y a sí misma; apartándola de la
Iglesia y cavando una brecha entre el sujeto y su familia, entre quien peca y
la gente que le rodea.
Tipos
de tentaciones
La
tradición de la Iglesia ha identificado siempre tres tipos de tentaciones que
se ven reflejadas en aquellas con las que el tentador quiso hacer caer a Jesús
en el desierto.
La
tentación del poder. Se
da en cualquier orden: político, social, familiar, laboral, religioso, etc., y
se presenta como una afirmación perversa del yo. Por ejemplo, “Yo puedo todo lo
que me dé la gana”.
La
del tener.
Grandemente explotada por la sociedad consumista. Entra por una publicidad
despiadada, haciendo creer a la gente que mientras más cosas tiene, más vale.
La
del placer.
Reduce la vida humana a la sensación placentera. La persona busca disfrutar
todo lo que se le ocurre, aunque quede fuera de la voluntad de Dios.
Modo
de vencer las tentaciones
Quien
no se entrena para vencer estas tentaciones desde niño, luego le costará mucho
trabajo. Se pueden vencer a través de la Reflexión, la Oración y el Ejercicio
de virtudes.
Reflexión. Es
importante darnos cuenta de qué es lo que más nos tienta; estudiarnos para ver
en qué está débil nuestra voluntad; no engañarnos. Distinguir con toda
claridad lo que es blanco o negro, sin quedarnos en tonalidades grises, y
prever, vigilar y no dejarnos sorprender.
Oración. También es
fundamental pedirle ayuda a Dios, porque sólo con nuestras fuerzas no podemos
vencer la tentación; necesitamos ser muy amigos de Dios para que Él sea quien
venza por nosotros; elevar en todo momento nuestro corazón a Dios, frecuentar
asiduamente los sacramentos y hacer adoración y visitas al Santísimo.
Ejercicio
de virtudes. Debemos ponernos propósitos
concretos para fortalecer nuestra voluntad. Con respecto al dominio de nosotros
mismos: cuidado con el exceso de la comida y la bebida; responsabilidad en el
cumplimiento de mis deberes en la casa, en la escuela, en el trabajo. Con
respecto a nuestras relaciones personales: no olvidar la fidelidad, mejorar la
relación con el cónyuge, con los papás o los hermanos y practicar mucho la
amabilidad; poner buena cara y ser muy serviciales. RA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario