Antes
de la batalla, disparaban con uniformes diferentes, desde un lado y otro lado
de las trincheras. De repente, una explosión, o unas balas, y los dos soldados
enemigos terminan en una misma ambulancia.
A
los que veíamos disparándose mutuamente, los encontramos ahora en un hospital
de campaña, una cama al lado de la otra.
Son
simplemente dos seres humanos, quizá de edades similares, que sufren como
consecuencia de las heridas de la guerra.
Una
guerra los separó, los puso uno ante el otro, según estrategias elaboradas en
cuarteles generales y desde intereses de gobiernos que a veces viven muy lejos
del frente de batalla.
Esa
misma guerra los ha unido en la desgracia, desde las heridas provocadas por una
entre tantas batallas que afectan a miles y miles de soldados obligados (o
voluntarios) a experimentar los rigores de la vida en el ejército.
Ahora
que ya no llevan el uniforme, que no tienen armas, que no reciben órdenes,
¿cómo se miran? ¿De qué hablan? ¿Qué piensan el uno del otro, antes llamados a
destruirse mutuamente, ahora ‘aprisionados’ bajo las consignas de los médicos y
los enfermeros?
Si
consiguen entenderse en un idioma compartido, aunque solo sean con gestos
comprensibles universalmente, quizá reconozcan que el ‘enemigo’ tiene sueños de
paz, tiene deseos de volver a casa, tiene una familia que lo espera, tiene un
trabajo que realizar en su aldea o su ciudad.
Verán,
con sorpresa, que comparten la misma humanidad, los mismos sueños y miedos, los
mismos deseos de felicidad y de justicia, los mismos anhelos de que la guerra
termine cuanto antes.
Quizá
solo convivan en esas camas de emergencia por unos días, pero esos días pueden
ser decisivos para quitar de sus mentes y de sus corazones prejuicios que a
veces surgen contra ‘los otros’; prejuicios que por desgracia llevan a
deshumanizar a los adversarios cuando, realmente, siguen siendo tan humanos
como uno mismo.
Dos
soldados han dejado de ser enemigos. Ahora simplemente comparten el mismo
infortunio y, lo que es más importante, aprenden a verse de una manera nueva.
No
son simplemente piezas en un tablero dirigido por otros que buscan aplastar al
adversario. Son seres humanos que necesitan ayuda, tal vez perdón, y, siempre,
esa justicia y ese amor que pueden terminar con las guerras y promover un mundo
realmente fraterno... FP
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