El discípulo
que supo permanecer.
La ciudad vive
deprisa. Todo es irse, moverse, cambiar de lugar.
Cristo, en
cambio, se queda.
San Juan no fue
el más ruidoso. Fue el que apoyó la cabeza. El que estuvo al pie de la cruz. El
que no salió corriendo.
Cristo camina
con quienes saben quedarse. Con quienes escuchan. Con quienes acompañan sin
tener todas las respuestas.
En medio del
ruido, quedarse es un acto de amor. En medio del miedo, permanecer es fidelidad.
Tal vez hoy no
estamos llamados a explicar a Dios, sino a hacerle compañía.
¿Dónde necesitas quedarte un poco
más? RM
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