Antes
de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una
experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser
bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado
plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha
para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios
amigo y salvador del ser humano.
No
es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa
evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca
“evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos
puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita
la Iglesia. ¿Por qué caminos?
Esta
renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa
quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por
los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y
recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos
romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.
El
Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas
como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide
“abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste
una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de
repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores
de las propias comunidades”.
El
Papa busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia
de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos
mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa
contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres
donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y
Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.
El
Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la
alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría
poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más
genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo
nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero
la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno
con su vida a cuestas”. JAP
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