Las colonias de vacaciones
representan mucho más que un espacio de entretenimiento; son una experiencia
educativa y social fundamental. Sin embargo, para que este entorno sea realmente
beneficioso, la seguridad debe ser la prioridad. Al elegir un espacio, es vital
verificar que cuente con personal entrenado en primeros auxilios,
infraestructura con sombra, acceso a agua potable y protocolos claros para
emergencias o jornadas de calor extremo.
Para profundizar en estos
cuidados, la Dra. María Cecilia Avancini, médica pediatra y jefa de Pediatría
de ‘vittal’ (organización de urgencias y emergencias médicas extra
hospitalarias de Argentina), compartió las pautas esenciales para garantizar el
bienestar infantil durante el receso escolar.
Cuidar la piel en la infancia
es prevenir enfermedades de piel en la adultez. Se estima que durante los
primeros 18 años de vida recibimos el 80% de la radiación solar de toda nuestra
existencia. Por ello, la Dra. Avancini insistió en que la protección debe ser
un hábito familiar permanente.
● Horarios críticos: Evitar el
sol entre las 10 y las 16 horas. Una regla simple es observar la sombra: si es
más corta que la altura del niño, el riesgo es máximo.
● Aplicación correcta: El
protector debe ser de amplio espectro (UVA/UVB) con un factor (FPS) de 30 o
superior. Debe aplicarse 30 minutos antes de la exposición y renovarse cada 2
horas, o tras salir del agua.
● Indumentaria: Priorizar ropa
holgada de colores claros, sombreros de ala ancha y -un aspecto clave pero
olvidado- anteojos de sol originales (no de juguete) para proteger la córnea y
la retina.
● Reflejo: En piletas y
playas, el agua y la arena multiplican la intensidad de los rayos, por lo que el
riesgo aumenta incluso bajo la sombra.
En cuanto al repelente, la
Academia Americana de Pediatría sugiere productos con una concentración de DEET
no mayor al 30%. Sobre ello, la Dra. Avancini advirtió que no deben usarse en
menores de 2 meses. Para los niños más grandes, el adulto debe aplicar el
producto en sus propias manos y luego extenderlo sobre la piel del niño,
evitando ojos, boca y manos (para prevenir que se lleven el producto a la
boca). Un dato fundamental: primero se aplica el protector solar y, 20 o 30
minutos después, el repelente. Jamás deben mezclarse.
Por otro lado, los niños
-especialmente los menores de un año- son vulnerables al golpe de calor. La
recomendación es ofrecer agua potable constantemente, incluso si no manifiestan
sed, y fomentar la lactancia materna en los bebés.
Es imperativo estar atentos a
los signos de alarma: temperatura elevada, piel roja y caliente, decaimiento,
confusión, vómitos, mareos o una orina muy oscura. Ante estos síntomas, se debe
buscar asistencia médica inmediata, ya que el golpe de calor es una urgencia
vital.
En cuanto a la seguridad en el
agua, la regla primordial es ni un segundo de distracción. El ahogamiento es
una de las principales causas de muerte evitable en la infancia. “Los accidentes
suceden en segundos”, advirtió la médica pediatra. La supervisión por parte de
un adulto debe ser permanente y cercana, sin importar si hay guardavidas
presente.
En el ámbito privado, las
piscinas deben tener cercos perimetrales de al menos 1,20 metros con trabas de
seguridad. Es importante recordar que los flotadores son solo un complemento y
no reemplazan la vigilancia. Además, se debe desalentar que los niños corran
por los bordes para evitar caídas y traumatismos.
Finalmente, la alimentación
juega un rol clave. Se debe fomentar el lavado de manos antes de cada colación
y priorizar el consumo de frutas y verduras de estación. Si los niños llevan
vianda a la colonia, es fundamental asegurar que los alimentos conserven la
cadena de frío para evitar intoxicaciones alimentarias.
“La prevención integral, desde
la mochila hasta el comportamiento en la pileta, permite que las vacaciones
sean lo que deben ser: un espacio de juego, aprendizaje y seguridad”, concluyó
la Dra. Avancini. BP
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