El Evangelio no es solo una historia antigua. Es la ciudad. Es hoy.
Y es pregunta urgente: ¿Quién es tu prójimo
cuando todo el mundo tiene prisa?
Un sacerdote pasa. Un funcionario apurado. Una
influencer que filma…
Pero el que se detiene es otro. No el que iba a misa. No el que hablaba de Dios. Sino el que se manchó las manos. El que
interrumpió su camino. El que eligió amar cuando no era su deber.
Ser samaritano no es cargar vendas. Es vivir despierto, con el corazón en modo
alerta.
Es no acostumbrarse al dolor en la banqueta. Es que si la muerte te llega hoy… te encuentre
ayudando a levantar a alguien.
Porque hay muchas formas de morir por dentro: cuando dejas de ver, cuando pasas de largo, cuando justificas tu indiferencia con excusas
piadosas.
Y hay una sola forma de estar realmente vivo: amar al que el mundo ha dejado tirado.
“¿Quién fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? —El que tuvo compasión. —Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,
36-37)
RM
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