Acera transitada. Café en la mano. Agenda llena. Vivimos corriendo, intentando alcanzar lo urgente. Pero lo urgente no siempre es lo importante.
Cuando ponemos a Dios primero, todo lo demás encuentra su lugar. Las decisiones se ordenan. Las
preocupaciones pierden peso. Las
metas se alinean con un propósito que no caduca.
No es magia ni suerte: es que al empezar por Él, la vida entera deja de
estar a la deriva.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario