Todos conocemos al menos una persona que se queja a
menudo, incluso cuando no tienen una razón aparente para hacerlo. A algunos les
gusta enfocarse en el dolor de su cuerpo, a otros no les gusta la dirección en
la que van sus vidas, y otros solo tienen que quejarse, porque de lo contrario,
sienten que algo no está bien en su día si no lo hacen.
Si conoces a estas personas o eres una de ellas, el
siguiente artículo arroja luz desde una perspectiva científica sobre cómo las
quejas afectan nuestro estado mental o, más precisamente, nuestros cerebros.
La sorprendente flexibilidad del cerebro humano.
“El pensamiento cambió la realidad, vi cómo las
personas volvían a conectar sus mentes con sus pensamientos, que curaban
permanentemente los estados de fijación y trauma”, dijo Norman Doidge, un psiquiatra
canadiense y autor de “El cerebro que se cambia”. En esta breve oración, Doidge
resume maravillosamente cómo el pensamiento crea la realidad con el órgano que
controla nuestro ser, a saber, la mente.
Este órgano único, previamente percibido como
inflexible e inmutable, se ha investigado a fondo en las últimas décadas, lo
que ha llevado a los investigadores y neurólogos a comprender que las teorías
anteriores eran completamente erróneas. El cerebro humano es un órgano
increíblemente flexible que puede ser reconfigurado por varias acciones, e
incluso los que se quejan crónicamente no pueden resistir su cambio positivo
una vez que alteran su visión del mundo.
Las quejas y
su efecto sobre el cerebro.
La
flexibilidad del cerebro humano le permite estar conformada por buenos hábitos
e implementar cambios positivos de manera regular. Desafortunadamente, cada
moneda tiene dos caras, y las personas que piensan negativamente y se comportan
en consecuencia cambian sus mentes negativamente y crean un ciclo de
pensamientos malvados que los rodean.
Estas personas
no tienden a ocultar sus sentimientos. En realidad, son más propensos a
vocalizarlos de manera prominente, lo que los lleva a ser etiquetados como
quejosos y se evitan. Los reclamantes constantes se dividen en tres categorías,
al menos una de las cuales debes identificarte de alguna manera:
1. Buscadores de atención: estas
personas buscan atención positiva a través de quejas negativas y tienden a
quejarse de que sus vidas son muy pobres en comparación con otras.
Desafortunadamente, aquellos que se quejan de atención a menudo crean el efecto
opuesto al que desean, porque las personas que los rodean no tienen la energía
para ellos y sus pensamientos. En muchos casos, las personas prefieren
distanciarse de los reclamantes que buscan atención.
2. Quejas crónicas: personas de
este tipo viven en un ciclo constante de quejas, sintiendo mucha autocompasión
y buscando la compasión de los demás. Los psicólogos argumentan que este
comportamiento es compulsivo, y los reclamantes crónicos llegan a un punto en
el que les resulta difícil resistirse al deseo de quejarse y ser percibidos
como víctimas que necesitan ayuda.
3. Reclamantes con baja inteligencia emocional: a diferencia
de los otros dos tipos de denunciantes, las personas que pertenecen a este
grupo no desean las opiniones ni los sentimientos de las personas que los
rodean. Si te encuentras con personas de este tipo, lo que más les interesa es
simplemente quejarse con alguien que los escuchará, y su reacción es menos
importante.
¿Cómo el cerebro juega un papel aquí?
Aunque no lo parezca, las personas que se quejan
con frecuencia no quieren sentirse como se sienten. El ciclo de pensamientos
negativos los lleva a presentar sus quejas, que a su vez terminan por asumir
sus pensamientos por completo. Según el Dr. Rick Hanson, neurocientífico y
autor de “El cerebro de Buda”, los pensamientos negativos conducen a una mayor
estimulación cerebral que una cantidad de pensamientos idénticos y positivos,
por lo que la repetición de pensamientos y quejas negativos fortalece las
conexiones cerebrales que afectan nuestro comportamiento.
El conocido investigador y neurólogo, profesor
Michael Merzenich, también ha demostrado los cambios positivos que puede
experimentar el cerebro en un extenso estudio que se publicó en 2014. En el
estudio, examinó los cambios en los cerebros de los participantes después de la
atención psicológica. Tratamientos que fueron diseñados para mejorar sus vidas.
¿Se puede hacer algo al respecto?
Así como el cerebro puede ser formado por
pensamientos negativos, también puede volverse más positivo si te enfocas en
las cosas correctas. Las personas que tienden a quejarse deben repetir los
pensamientos positivos para que sus cerebros puedan volver a cablearse de tal
manera que sean menos difíciles de satisfacer. Todos somos capaces de hacer
esto, solo tenemos que elegir en qué pensamientos nos enfocamos en todo momento
con prudencia.
Cuando cambiamos los hábitos, los patrones de
pensamiento y cómo nos expresamos, podemos crear una realidad más positiva para
nosotros mismos, aunque nada haya cambiado. Para hacer esto, puedes realizar
ejercicios de meditación relajantes todos los días ya que innumerables
beneficios pueden ayudar a transformar tu existencia de un extremo a otro de
una manera positiva y sorprendente.
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