sábado, 4 de abril de 2026

Las manos…

El sacerdote lava los pies. El gesto siempre me desconcierta.

Agua. Una toalla. Manos que se inclinan. El Maestro arrodillado frente a sus amigos.

Pienso en lo difícil que es servir sin buscar reconocimiento.

En lo fácil que es querer ser importante.

Cristo toma los pies cansados de los suyos. Y los limpia.

En ese gesto entiendo algo.

La grandeza del Evangelio no se parece al poder. Se parece al servicio. RM

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