Ser
cristiano es, antes que nada, creerle a Cristo. Tener la suerte de habernos
encontrado con él. Por encima de toda creencia, fórmula, rito o ideologización,
lo verdaderamente decisivo en la experiencia cristiana es el encuentro con
Jesús, el Cristo.
Ir
descubriendo por experiencia personal, sin que nadie nos lo tenga que decir
desde fuera, toda la fuerza, la luz, la alegría, la vida que podemos ir
recibiendo de Cristo. Poder decir desde la propia experiencia que Jesús es
«camino, verdad y vida».
En
primer lugar, descubrirlo como el camino. Escuchar en él la
invitación a caminar, avanzar siempre, no detenernos nunca, renovarnos
constantemente, ahondar en la vida, construir un mundo justo, hacer una Iglesia
más evangélica. Apoyarnos en Cristo para andar día a día el camino doloroso y
al mismo tiempo gozoso que va desde la desconfianza a la fe.
En
segundo lugar, encontrar en Cristo la verdad. Descubrir desde él a Dios
en la raíz y en el término del amor que los seres humanos damos y acogemos. Darnos
cuenta, por fin, que la persona solo es humana en el amor. Descubrir que la
única verdad es el amor, y descubrirlo acercándonos al ser concreto que sufre y
es olvidado.
En
tercer lugar, encontrar en Cristo la vida. En realidad, las personas
creemos a aquel que nos da vida. Por eso, ser cristiano no es admirar a un
líder ni formular una confesión sobre Cristo. Es encontrarnos con un Cristo
vivo y capaz de hacernos vivir.
Jesús
es «camino, verdad y vida». Es otro modo de caminar por la vida. Otra manera de
ver y sentir la existencia. Otra dimensión más honda. Otra lucidez y otra
generosidad. Otro horizonte y otra comprensión. Otra luz. Otra energía. Otro
modo de ser. Otra libertad. Otra esperanza. Otro vivir y otro morir. JAP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario