Cristo en la Ciudad no nos pide discursos largos, sino acciones pequeñas que cambian destinos.
‘La Fe se mide en Acciones, no en Oraciones’.
La oración es necesaria, pero la fe no se agota en
ella. Jesús mismo nos lo dijo: “No todo
el que me diga ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre” (Mt 7,21).
En la ciudad, la fe se mide en gestos: visitar al
enfermo, compartir con el hambriento, defender al olvidado. La fe que se queda
en palabras no toca corazones; la fe que se vuelve acción, sí. RM
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