Dios nos habla
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“Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas.
Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando
desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. Al
atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto
y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a
comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan,
denles de comer ustedes mismos». Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más
que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y
después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco
panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los
distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los
pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco
mil hombres, sin contar las mujeres y los niños” (Mt 14,13-21).
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“Así habla el Señor: Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que
no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin
pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus
ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se
deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien
y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable
amor a David” (Is 55,1-3).
Reflexión
“Para los que creen en él,
Cristo es alimento y bebida, pan y vino. Pan cuando vigoriza y da fuerzas,
bebida o vino cuando alegra. Todo cuanto en nosotros hay de fuerte, sólido y
firme, alegre y agradable en el cumplimiento de los mandamientos de Dios, en soportar
los males, en la ejecución de la obediencia, en la defensa de la justicia; todo
eso es vigor y firmeza de este pan, o la alegría de esta bebida. ¡Dichosos los
que obran alegre y varonilmente! Y como nadie es capaz de hacer esto por solas
sus fuerzas, dichosos los que desean con avidez practicar lo que es justo y
honesto, y ser en todo confortados y regocijados por aquel que dice: Dichosos
los que tienen hambre y sed de la justicia. Y si Cristo es pan y es bebida
en la medida de la presente fortaleza y alegría de los justos, ¿cuánto más no
lo será en el futuro en la medida en que entonces será de los justos?” (Balduino de
Cantorbery, Tratado sobre el sacramento del altar (Parte
2,3).
Nosotros le hablamos
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“Los ojos de todos esperan en ti, y Tú les das la comida a su tiempo; abres
tu mano y colmas de favores a todos los vivientes” (Salmo 144).
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“Derrama, Padre, tu misericordia sobre tu pueblo suplicante, y ya que
nos gloriamos de tenerte por Creador y Señor, renueva en nosotros tu gracia y
consérvala en tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos”
(Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
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¿He experimentado, en mi vida, la compasión de Dios?
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¿Soy compasivo con mis hermanos?







