Parada de autobús bajo la lluvia. Rostros cansados. Silencio entre
gotas.
Las dificultades no siempre llegan con ruido… a veces se instalan
despacio, como una nube que no se va. Y ahí,
entre la incomodidad y la espera, Dios nos entrena. Nos enseña a soltar lo que no podemos controlar, a mirar más allá del problema, y a
descubrir que incluso en medio del dolor, Él ya
está preparando algo bueno.
La bendición no siempre es que todo cambie, sino que nosotros cambiemos mientras confiamos en Él.
“Sabemos que Dios dispone todas
las cosas para el bien de quienes lo aman” (Romanos 8:28) RM
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