Dios nos habla
• “Jesús, al pasar, vio a un
hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha
pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. “Ni él ni sus padres han
pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de
Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día;
llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la
luz del mundo”. Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la
saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la
piscina de Siloé”, que significa ‘Enviado’. El ciego fue, se lavó y, al
regresar, ya veía…
Jesús… al encontrarlo, le
preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?”. El respondió: “¿Quién es, Señor,
para que crea en él?”. Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está
hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante él. Después
Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven
y queden ciegos los que ven”…” (Jn
9,1-41).
• “Hermanos:
Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos
de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la
verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras
estériles de las tinieblas” (Ef 5,8-11).
Reflexión
• “Si decimos
que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en
nosotros (1 Jn 1,8). Para las grandes
almas, las almas santas, esta afirmación es luminosa. Aproximándose más de
Dios, Sol de justicia y santidad inmaculada, ellas perciben mejor las propias
manchas. La magnificencia de la luminosidad divina en la que ellas se mueven,
hace aparecer las fallas mínimas con un fuerte relieve. Su mirada interior,
purificada por la fe y el amor, penetra más profundamente en las perfecciones
divinas. Ellas ven más claramente su nada, miden bien el abismo que las separa
del infinito” (Beato Columba Marmion,
Cristo, ideal del monje).
Nosotros le hablamos
• “Dios y
Padre de Jesucristo, que tan maravillosamente reconcilias a los hombres por
medio de tu Hijo: haz que tu pueblo se disponga a celebrar las próximas fiestas
pascuales con una fe viva y una entrega generosa. Te lo pedimos por el mismo
Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor, que es Dios y vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos” (Oración colecta).
Nuestra vida cambia
• ¿Qué
significa vivir como hijo de la luz?
• ¿Cuáles son
las obras de los hijos de las tinieblas?
• ¿Dejo al
Señor Jesús que ilumine mi vida entera?
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