“Dios mío, Dios
mío ¿por qué me has abandonado?”
“Mirarán al
traspasado”
Dirigir la
mirada al Cristo crucificado, no para verlo, o viéndolo traspasar con la mirada
lo que nuestros ojos ven. Mirar es ir más allá de lo que estamos viendo. Lo que
miramos es el amor en sus dos vertientes: Amor, don que busca exclusivamente el
bien del otro. Y el amor que mendiga la unión con el amado: “Mira que estoy a
la puerta y estoy llamando, si me abres comeré contigo y tú conmigo”.
Cristo muere en
la cruz amando y anhelando ser amado: “Tengo sed”. La herida de su pecho lo
convierte en Fuente de Agua y Sangre, amor testimoniado por el don de su vida. RAS
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