En la ciudad todo cambia: el tráfico, el ánimo, las
noticias del día. A veces nos sentimos fuertes, otras veces apenas sostenidos
por un hilo.
La fe no es un sentimiento que va y viene como la
marea. La fe es una decisión. Una elección que se renueva cada mañana: confiar,
aunque no haya certezas; avanzar, aunque la oscuridad pese; creer, aunque el
ruido de la ciudad intente apagar la voz de Dios.
La fe es el ‘sí’ que le damos a Cristo en el metro,
en la oficina, en casa y en la calle. No se trata de sentir bonito, sino de
caminar con firmeza, porque Él camina a nuestro lado.
“El justo vivirá por la fe” (Heb
10,38) RM
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