A veces la ciudad te empuja a correr, a defenderte,
a no quedarte callado. Pero hay batallas en las que el silencio es tu mayor
fuerza.
Dios conoce tu situación mejor que nadie. Y
mientras tú guardas calma, Él mueve lo que tú no puedes mover.
No se trata de rendirse, sino de confiar. Porque
hay guerras que no ganas con gritos ni con fuerza, sino dejando que Él luche
por ti.
“El Señor peleará por ustedes, y ustedes se quedarán tranquilos” (Éxodo 14,14) RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario