Como
mamá, recordemos que enseñar a nuestros hijos a rezar es como uno de los
regalos más grandes que podamos darles. Quizá hoy no comprendan todo lo que
significa el Rosario y quizá les parezca cansado, tedioso o aburrido, pero cada
Ave María que rezamos juntos va sembrando una semilla de fe en su corazón, por
eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.
Primero.
Que todos sepan cómo se reza.
Para
que no les parezca largo y cansado está dividido en misterios y cada uno de
ellos hace referencia a un momento de la vida de Jesús y María, si lo vemos
misterio a misterio es más sencillo que nuestros hijos lo recen con nosotros.
Es
bueno que les enseñemos que los misterios están divididos en grupo: Gozosos,
Luminosos, Dolorosos y Gloriosos. Cada uno tiene 5 misterios en los que se reza
un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria. Se puede agregar algunas
jaculatorias.
Al
finalizar los misterios que tocan en el día se reza un Padre Nuestro y tres Ave
Marías especiales haciendo referencia a la virginidad de la Santísima Virgen
María y se ofrecen por el Papa, su persona, intenciones y salud. Por último se
rezan las oraciones finales y las letanías lauretanas.
Podemos
hacer hojitas para que las vayan siguiendo nuestros hijos más grandes y para
los pequeños podemos preparar dibujos para que mientras rezamos los
iluminen.
Al
principio debemos tener paciencia, poco a poco podremos hacerlo mejor cada
vez. Lo importante es que lo recemos de corazón.
Segundo.
Hagamos del Rosario un momento familiar.
No
esperemos a que todos tengan tiempo libre para rezar. Pongamos un horario y
hagamos lo posible para reunirnos en familia.
Aunque
los hijos sean pequeños o estén cansados es necesario rezar aunque sea una
decena por día, lo importante es ir creando el hábito de hacer oración juntos.
Y
si ponemos un altar familiar, será más fácil para nuestros hijos pequeños
porque sabrán que es algo muy especial que requiere toda su atención.
Tercero.
Pongamos una intención misionera cada día.
En
este mes podemos enseñar a nuestros hijos a que rezar también es hacer misión.
Santa Teresita del Niño Jesús es la patrona de las misiones y nunca salió de su
convento, solo rezo y ofreció su vida por las misiones.
Cada
misterio puede ofrecerse por el Papa, los sacerdotes, los misioneros, los
migrantes, las familias que sufren o por los que todavía no conocen a Dios. Así
nuestros hijos aprenderán que nuestra oración puede abrazar y sostener al mundo
entero.
La
oración, hecha con amor, mueve el corazón de Dios e intercede por nuestras
intenciones.
Cuarto.
Dejemos que todos participen.
Si
rezamos como pericos o de forma monótona, es casi imposible que nuestros hijos
recen con amor y con gusto, pero si hacemos dinámicas para que todos
participen, es mejor.
Podemos
repartir las Ave Marías, pedirle a nuestros hijos pequeños que lleven el
conteo, que digan las intenciones o que comiencen cada misterio. Cuando
nuestros hijos participan, dejan de sentir cansancio y que ‘mamá y papá están
rezando’ y descubren que el Rosario también es suyo y que pueden participar a
su nivel.
Y
quinto. Hagámoslo un estilo de vida aunque no sea perfecto.
Si
perseveramos en el rezo del rosario en familia lograremos hacerlo un estilo de
vida que nos caracterice.
Habrá
días en que los niños estén inquietos, otros que alguien llegue tarde o no
podamos terminar el Rosario como lo habíamos planeado. ¡No pasa nada! Lo
importante es no abandonarlo.
Hagamos
de nuestro hogar una Iglesia doméstica, un pequeño cenáculo misionero. No
olvidemos que la familia que reza unida, permanece unida y un mundo que reza es
un mundo en paz. SdelV
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