sábado, 14 de marzo de 2026

Ecce Homo: Mis formas de muerte en Cristo…

Cuando Cristo sufrió la flagelación, Pilatos lo presenta al pueblo diciendo Ecce homo, he aquí al hombre, es decir en este hombre todo sufrimiento humano está incluido, no hay pasión y muerte de hombre que no las haya hecho suyas.
Vamos a destiempo con el proyecto de Dios y el proyecto que desearíamos. Sabiendo que tenemos que morir, nos forjamos formas de muerte que no corresponde a la que Dios nos tiene preparada. Cada uno desea partir a su modo, bajo determinadas condiciones. Nuestra forma particular de morir se define por la misma capacidad de gracia que cada uno ha recibido, es el amor personal de Dios el que va sugiriendo la forma de ser responsable de ese mismo amor, esta forma responsable en cada uno es única, la respuesta siempre ha de ser un morir de amor.
Es doloroso constatar que el proyecto de nuestra vida no está en nuestra voluntad determinarlo, que las grandes líneas de nuestra historia las podemos ubicar, pero los detalles, los modos nos rebasan. Se va padeciendo violencia sobre todo ante determinados contenidos. Se dan metástasis no solo de enfermedades, sino de hábitos, actitudes, modos de ser, situaciones irreversibles, cuyas consecuencias las vamos padeciendo en rebeldía. Los contenidos de nuestra historia personal son parte de la acción providencial de Dios, en esos contenidos y no en otros, El va proveyendo de Sí mismo. Es allí, en nuestra propia forma de morir, donde El envía a su Hijo para hacer camino conmigo, para ir a mi lado dándome razones del inevitable padecer y morir. Cristo me propone los contenidos de mi cruz y el Espíritu me da razones del padecer y morir, me va llevando de comprensión en comprensión.
¿Cómo convencer nuestro corazón de que la forma excelente de ser libre es ir optando por las propuestas de Dios y no por las nuestras? ¿Cómo lograr que las propuestas de Dios sean las nuestras? Tardamos tanto en, finalmente, concederle a Dios la autoridad suprema sobre nuestro andar: “No se preocupen de qué es lo que tienen que hablar ante los tribunales, el Espíritu mismo pondrá las palabras justas en su boca”. El cristiano ha de ser un experto en el discernimiento. Es un instante, un parpadear de ojos, en el que tiene que tomar decisiones, muchas veces de especial importancia. El discernimiento requiere claridad de espíritu, la claridad exige transparencia, pureza. La pureza es fruto de la unión con Cristo, unión de conocimiento amor. RAS

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