Ventanales rotos. Sirenas. Noticias que asustan. Corazones agrietados.
Jesús no prometió una ciudad sin tribulación. Prometió no dejarnos solos
cuando llegue.
“Habrá
entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo
hasta ahora…” (Mt 24,21)
Y sí… Hoy hay guerras sin nombre. Pobrezas que no salen en la tele. Soledades
que no se ven desde el cielo de los drones.
Pero el Evangelio no es terror ni castigo. Es advertencia que prepara. Es
luz de emergencia. Es Jesús diciendo: no se duerman con la rutina ni se
rindan con la desesperanza.
La gran tribulación no es el fin. Es el aviso. El despertar. El momento de
elegir: ¿te escondes o te entregas? ¿te enfrías… o te mantienes fiel?
Porque incluso en los días más oscuros, Dios sigue recortando el tiempo por
amor a los suyos.
Y si el mundo cae… que no caiga tu fe. Y si tiemblan los muros… que tu
esperanza siga en pie. RM
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