domingo, 15 de marzo de 2026

La libertad que nace de dar la vida…

Cristo es el modelo de nuestra libertad: “Nadie me quita la vida, yo la doy libremente”.

Al inicio de la cuaresma la palabra nos cuestionó sobre lo esencial, elegir entre la vida o la muerte, entre maldición o bendición. La propuesta es fundamental, se te propone ser libre frente a lo esencial. Libertad para ser en armonía con la vida o libertad para estar en desarmonía con la vida. Se trata de la libertad en el actuar, para ir alcanzando el ser. Llamados a ser definitivamente en el que ES. El hombre puede ir siendo libre desde su propia forma subjetiva de pensarse, teniendo en cuenta su propio ideal de ser hombre al margen del modelo dictado por Dios y de la misma naturaleza humana. El hombre se trasciende a sí mismo, la trascendencia del hombre está por encima de toda forma particular de pensarse.

Cristo es quien propone al hombre la perfecta libertad, que consiste en la opción por la trascendencia que el hombre mismo lleva en lo escondido de su ser de forma explícita o implícita. La trascendencia divina se traduce por la bondad, la belleza, la verdad, en una palabra, el Amor. Todo hombre es sensible al amor, a la hermosura, a la verdad y bondad. La propuesta de Cristo es no solo objeto de enseñanza, sino es acción y acción por excelencia es dar la vida por ser testigo de la Belleza de Dios, de la Bondad y Verdad divina. La muerte de Cristo es la expresión definitiva de la libertad, en la que todo hombre se encuentra y hacia la cual todo hombre hace camino. En la libertad de Cristo estamos incluidos y llamados a ser libres como El. RAS

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