Hay días en que el Evangelio parece detenerse. Todo se vuelve más lento. Como si el mundo contuviera la respiración.
En el templo también se siente. Las veladoras arden en silencio.
La gente entra, reza, se va. Algo se acerca. No sabemos exactamente qué. Pero lo intuimos. La cruz todavía no aparece. Pero ya está en el horizonte.
Cierre
A veces el silencio también anuncia.
Señor Jesús, hoy contemplo tu silencio ante la
traición y descubro también
mis propias incoherencias, mis veces en que te
cambio por lo inmediato. Aun así, no dejes de
mirarme con misericordia. Sostén mi corazón
para que, incluso en mi fragilidad,
vuelva siempre a Ti Amén. RM
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