El templo vuelve a llenarse de luz. Las campanas suenan. La gente se abraza.
La piedra fue removida. La muerte no tuvo la última palabra.
Salgo del templo. La ciudad sigue igual: tráfico, ruido, prisa. Pero algo cambió.
Cristo vive. Y eso significa que ninguna noche es definitiva.
Cierre
La Resurrección no es solo una noticia. Es una
promesa para la vida entera.
Señor Jesús, hoy la vida ha vencido a la muerte. Haz renacer en mí la esperanza, y enséñame a vivir como quien ha
encontrado la luz. Amén. RM
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