Ofrecemos estos
breves puntos con la intención de que puedan servir para la meditación
individual o comunitaria. Son tomados de las lecturas y de las oraciones de la
misa del domingo 8 de febrero de 2026.
Se dividen en tres
partes: lo que Dios nos dice (con un comentario que nos puede ayudar a
comprender el Evangelio); lo que nosotros podemos decirle a Él como respuesta;
y de qué modo podemos llevarlo a la vida cotidiana. Dios quiera que ayuden a
muchos a dedicarle, cada domingo, un tiempo especial a Dios, nuestro Señor.
Dios nos habla
•
“Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la
argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del
poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los
hombres, sino en el poder de Dios” (1Cor
2,4-5).
•
“Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes son la sal de la
tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no
sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la
luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una
montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que
se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la
casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes,
a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el
cielo” (Mt 5,13-16).
•
“Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres
sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar;
delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí
estoy!” (Is 58,7-9).
Reflexión
“¡No podéis
imaginaros cómo me escuece el alma al recordar las muchedumbres, que como
imponente marea, se congregaban los días de fiesta y ver reducidas ahora a la
mínima expresión aquellas multitudes de antaño! ¿Dónde están ahora los que en
las solemnidades nos causan tanta tristeza? Es a ellos a quienes busco, ellos
por cuya causa lloro al caer en la cuenta de la cantidad de ellos que perecen y
que estaban salvos, al considerar los muchos hermanos que pierdo, cuando pienso
en el reducido número de los que se salvan, hasta el punto de que la mayor
parte del cuerpo de la Iglesia se asemeja a un cuerpo muerto e inerte. Pero
dirá alguno: ¿Y a nosotros qué? Pues bien, os importa muchísimo a vosotros que
no os preocupáis por ellos, ni les exhortáis, ni les ayudáis con vuestros
consejos; a vosotros que no les hacéis sentir su obligación de venir ni los
arrastráis aunque sea a la fuerza, ni les ayudáis a salir de esa supina
negligencia. Pues Cristo nos enseñó que no sólo debemos sernos útiles a
nosotros, sino a muchos, al llamarnos sal, fermento y luz. Estas cosas, en
efecto, son útiles y provechosas para los demás. Pues la lámpara no luce para
sí, sino para los que viven en tinieblas: y tú eres lámpara, no para disfrutar
en solitario de la luz, sino para reconducir al que yerra. Porque, ¿de qué
sirve la lámpara si no alumbra al que vive en las tinieblas? Y ¿cuál sería la
utilidad del cristianismo si no ganase a nadie, si a nadie redujera a la
virtud? Por su parte, tampoco la sal se conserva a sí misma, sino que mantiene
a raya a los cuerpos tendentes a la corrupción, impidiendo que se descompongan
y perezcan. Lo mismo tú: puesto que Dios te ha convertido en sal espiritual,
conserva y mantén en su integridad a los miembros corrompidos, es decir, a los
hermanos desidiosos y a los que ejercen artes esclavizantes; y al hermano
liberado de la desidia, como de una llaga cancerosa, reincorporándolo a la
Iglesia. Por esta razón te apellidó también fermento. Pues bien, tampoco el
fermento actúa como levadura de sí mismo, sino de toda la masa, por grande que
sea, pese a su parvedad y escaso tamaño. Pues lo mismo vosotros: aunque
numéricamente sois pocos, sed no obstante muchos por la fe y el empeño en el
culto de Dios. Y así como la levadura no por desproporcionada deja de ser
activísima, sino que por el calor con que la naturaleza la ha dotado y en
fuerza a sus propiedades sobrepuja a la masa, así también vosotros, si os lo
proponéis, podréis reducir, a una multitud mucho mayor, a un mismo fervor y a
un paralelo entusiasmo” (San Juan
Crisóstomo, Homilía sobre Romanos 12,
20).
Nosotros le hablamos
•
“Oración colecta Dios nuestro, cuida a tu familia con
permanente amor y ya que sólo en ti ha puesto su esperanza defiéndela siempre
con tu protección. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos
de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
•
¿Me doy cuenta de que el testimonio de una vida cristiana es
misión de todos los bautizados?
•
¿Trato de vivir virtuosamente para ser luz y sal del Señor
para los demás?
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