Puerta cerrada. Medianoche. Silencio en el edificio. Un alma golpea la
oración como quien toca una puerta sin saber si le abrirán.
Y ahí está Jesús… enseñando que orar no es recitar, sino confiar, insistir,
atreverse a pedir… aunque sea tarde, aunque nos digan que no, aunque parezca
que Dios está dormido.
Porque Él no está dormido.
Porque el Padre escucha incluso el susurro de tu necesidad.
Porque si tú, tan humano, sabes cuidar a quien amas… ¡imagina lo que hace
Dios cuando le pides con todo tu corazón!
Hoy, aunque la ciudad siga su ruido, aunque no veas milagros a la vista, aunque
la respuesta tarde…
Sigue
tocando. Sigue buscando. Sigue pidiendo. RM
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