Dios nos habla
·
“Durante la última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me
aman, cumplirán mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro
Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien
el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo
conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los
dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá,
pero ustedes sí me verán, porque Yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día
comprenderán que Yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y Yo en
ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y
el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él”» (Jn 14,15-21).
·
“Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre
dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la
esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con
tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán todos aquellos que difaman el
buen comportamiento que ustedes tienen en Cristo, porque ustedes se comportan
como servidores de Cristo. Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la
voluntad de Dios, que haciendo el mal. Cristo padeció una vez por los pecados
-el Justo, por los injustos- para que, entregado a la muerte en su carne y
vivificado en el Espíritu, los llevara a ustedes a Dios” (1 Pd 3,15-18).
Reflexión
·
“Después de haberlos purificado con su sacrificio, entonces sobrevoló el
Espíritu Santo. ¿Por qué no vino cuando Jesús estaba con ellos? Porque todavía
no se había ofrecido el sacrificio. Pero una vez que fue borrado el pecado y
ellos, enviados a los peligros, se disponían para la lucha, era necesario el
envío del Consolador. Y ¿por qué el Espíritu no vino inmediatamente después de
la resurrección? Pues para que, enardecidos por un deseo más vehemente, lo
recibieran con mayor fruto” (San Juan
Crisóstomo, Homilía 75 sobre el
evangelio de san Juan (1).
Nosotros le hablamos
·
“Dios todopoderoso, concédenos continuar celebrando con intenso fervor estos días de alegría
en honor de Cristo resucitado,
de manera que prolonguemos en nuestra
vida el misterio de fe que recordamos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por
los siglos de los siglos” (Oración
Colecta).
·
“Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni apartó de mí su
misericordia” (Salmo 65).
Nuestra vida cambia
·
¿Amamos al Señor como Él quiere ser amado?
·
¿Esperamos al Espíritu Santo? ¿Qué deseamos que haga en nuestro corazón?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario