Antes de salir a enfrentar el tráfico, las prisas y las conversaciones
que no siempre son fáciles, hay un susurro que vale más que cualquier
pronóstico del clima: “Yo voy
contigo”.
Que Dios te acompañe no significa que el camino será perfecto, sino que
nunca será solitario.
Él cuida en los pasos apresurados, protege en las esquinas inciertas y
bendice incluso en medio de las interrupciones.
Hoy, mientras avanzas por calles llenas o pasillos silenciosos,
recuerda que Su presencia no es un accesorio… es tu escudo invisible.
“El Señor mismo marchará al
frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará” (Deuteronomio
31:8) RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario