martes, 7 de abril de 2026

El lunes después de Pascua…

Salgo temprano. La ciudad ya está despierta. Los camiones pasan llenos. Un vendedor acomoda su puesto. El café humea en los vasos de cartón. Todo parece igual que siempre. Tráfico. Prisa. Pantallas encendidas.
La Semana Santa terminó. El templo quedó atrás. Pero mientras camino recuerdo algo.
La puerta pesada. El olor a cera. La luz entrando por el vitral. El silencio que me obligó a escuchar. Y también la cruz. Y también la tumba vacía.
Miro a la gente pasar. Un anciano camina despacio. Una madre lleva a su hijo de la mano. Un hombre duerme todavía en una banca. La ciudad no cambió. Pero algo dentro de mí sí.
Cristo no se quedó en Jerusalén. Ni en el templo. Ni en la tumba. Camina aquí. Entre el ruido, entre las prisas, entre nosotros.
Y por un momento entiendo algo sencillo. La Pascua no terminó ayer. Empieza hoy. Aquí. En la ciudad.
Cierre
Cristo en la Ciudad. A veces la Resurrección comienza en lo cotidiano. RM

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