La llegada del otoño no sólo
modifica la temperatura y las rutinas diarias. A medida que disminuyen las
horas de luz solar, el organismo también comienza a atravesar cambios que
pueden impactar directamente en el estado de ánimo, el descanso, la energía y
la motivación. Aunque muchas personas lo atribuyen simplemente al cansancio o
al ritmo de vida, existe una explicación biológica detrás de este fenómeno
estacional.
Uno de los efectos más
frecuentes durante esta época del año es la sensación de fatiga persistente.
También pueden aparecer irritabilidad, dificultad para concentrarse, aumento
del apetito -especialmente por alimentos ricos en carbohidratos-, cambios en el
sueño y una sensación general de desgano. En algunos casos, estos síntomas
pueden intensificarse y afectar la vida cotidiana.
La reducción de la luz natural
altera procesos fundamentales del organismo. La menor exposición solar influye
en la producción de serotonina, vinculada al bienestar emocional, y de
melatonina, la hormona que regula el sueño. Además, impacta sobre el ritmo
circadiano, el reloj biológico que organiza múltiples funciones del cuerpo a lo
largo del día.
“El cuerpo humano está
preparado para responder a la luz natural. Cuando las horas de sol disminuyen,
pueden producirse cambios físicos y emocionales que muchas veces pasan
desapercibidos o se naturalizan. Es habitual que las personas consulten recién
cuando el cansancio o la apatía empiezan a interferir con su rutina”, explicó la
Lic. Liliana Acuña, Psicóloga de Boreal Salud (Empresa argentina con 25 años de
trayectoria en el mercado de la salud).
Este fenómeno puede
presentarse de manera leve o más intensa. En algunos casos, incluso, se
desarrolla el llamado Trastorno Afectivo Estacional (TAE), una condición
reconocida por los organismos de salud mental que aparece principalmente
durante los meses con menos luz solar.
Además del impacto emocional,
los cambios estacionales también pueden influir sobre hábitos cotidianos como
la alimentación, la actividad física y la calidad del descanso. La combinación
de menos exposición al aire libre, menor movimiento y rutinas más sedentarias
pueden potenciar la sensación de agotamiento y afectar el bienestar general.
“Muchas veces los síntomas se
minimizan porque se consideran normales de esta época del año, pero cuando
persisten o afectan la calidad de vida es importante consultar con
profesionales. Existen herramientas y tratamientos eficaces para atravesar este
período de manera saludable”, agregaron desde Boreal Salud.
Entre las recomendaciones más
habituales se encuentran mantener horarios de sueño regulares, aprovechar al
máximo las horas de luz natural, realizar actividad física y sostener espacios
de socialización. En los casos más severos, los profesionales también pueden
indicar psicoterapia, acompañamiento médico o tratamientos específicos como la
fototerapia, que utiliza luz artificial brillante para compensar la falta de
exposición solar.
Detectar los síntomas a tiempo
y comprender que los cambios estacionales también pueden impactar en la salud
física y emocional resulta clave para prevenir que el malestar se prolongue o
se intensifique durante los meses más fríos del año. BP
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