Me levanto. Leo
algunas noticias. Cuido mi aseo personal. Tomo un café y algo de fruta. Salgo a
trabajar.
Cada decisión
puede parecer intranscendente, pero entra en la biografía poco a poco, semana
tras semana.
Hay decisiones
de mayor importancia: la carrera a iniciar, el trabajo que nos ofrecen, un
cambio de ciudad, un viaje que esperamos transcurra serenamente.
En ocasiones,
nos toca recibir las consecuencias de lo que otros deciden, o de fenómenos
externos: un terremoto marca de modo indeleble la vida de miles de personas.
Así, día a día,
nos dedicamos a construir la propia biografía, esa que permanece en nuestra
memoria y nos orienta a nuevas etapas de la vida.
Nos gustaría
que esa biografía fuera limpia, sin errores nuestros y sin injusticias ajenas,
llena de bendiciones y de triunfos.
Pero las
cicatrices se acumulan con el tiempo, aunque no faltan caricias y gestos de
amor que hacen más suave el camino.
Este día tomaré
decisiones, en lo sencillo y rutinario, o en asuntos que pueden cambiar mi vida
o la de otros.
Dios, que
guarda en su corazón cada biografía humana, me observa con cariño y me invita a
dar esos pasos que hagan de mi historia, y de la historia de quienes se
relacionan conmigo, un pequeño canto a la justicia, al amor y a la esperanza. FP
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