lunes, 20 de julio de 2026

La cajera del supermercado…

La fila avanza lentamente. Mientras colocamos los productos sobre la banda transportadora, casi nunca pensamos en la persona que lleva horas repitiendo los mismos movimientos, respondiendo las mismas preguntas y sonriendo, incluso cuando el cansancio comienza a notarse.
Ella conoce poco de nuestra historia. Nosotros sabemos aún menos de la suya. Tal vez esa mañana salió preocupada por un hijo enfermo. Quizá espera noticias importantes o simplemente intenta llegar al final del turno con la misma amabilidad con la que comenzó.
Jesús nunca trató a las personas como si fueran parte del paisaje. Siempre veía un rostro antes que una función, una historia antes que una etiqueta.
Una sonrisa, un saludo o un sencillo ‘gracias’ pueden recordarle a alguien que su trabajo también tiene dignidad.
Toda persona merece ser mirada antes que utilizada. RM

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