La fila avanza lentamente. Mientras colocamos los productos sobre la banda
transportadora, casi nunca pensamos en la persona que lleva horas repitiendo
los mismos movimientos, respondiendo las mismas preguntas y sonriendo, incluso
cuando el cansancio comienza a notarse.
Ella conoce poco de nuestra historia. Nosotros sabemos aún menos de la
suya. Tal vez esa mañana salió
preocupada por un hijo enfermo. Quizá espera noticias importantes o simplemente
intenta llegar al final del turno con la misma amabilidad con la que comenzó.
Jesús nunca trató a las personas como si fueran parte del paisaje. Siempre
veía un rostro antes que una función, una historia antes que una etiqueta.
Una sonrisa, un saludo o un sencillo ‘gracias’ pueden recordarle a alguien
que su trabajo también tiene dignidad.
Toda
persona merece ser mirada antes que utilizada. RM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario