Dios nos habla
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“Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron:
«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les respondió: «El
que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la
buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen
al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del
mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la
quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del
hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos
y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá
llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en
el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!»” (Mt 13,37-43).
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“El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar
como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su
intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina” (Rm 8,26-27).
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“Como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos
gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu
poder. Al obrar así, Tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de
los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del
pecado, das lugar al arrepentimiento” (Sab
12,17-19).
Nosotros le hablamos
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“Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos
que te invocan: ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica!
... Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarte, rico en amor y
fidelidad, vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí” (Salmo 85).
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“Señor nuestro, mira con bondad a tus servidores y multiplica en nosotros
los dones de tu gracia, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y la
caridad, perseveremos con asidua vigilancia en el cumplimiento de tus
mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
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¿Meditamos en la infinita bondad de Dios?
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¿Qué consecuencias tiene para nuestra vida? ¿Tratamos de imitarlo?
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