Ese retraso, esa llamada inesperada, ese ‘no’ que
no entendemos…
no siempre son fracasos. A veces son desvíos para llevarnos a un propósito
que no habíamos visto.
Porque nuestros planes son mapas hechos a lápiz, pero los propósitos de Dios están grabados a fuego. Y cuando dejamos que Él tome la pluma, descubrimos que lo que parecía un cambio de ruta… era, en realidad, el verdadero destino.
“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para
ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de
darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11) RM
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