El Papa León XIV recordó el domingo, 24 de agosto
de 2025, que la fe no se mide por el número de velas encendidas ni por la
asistencia a ritos externos, sino por la transformación del corazón y la
coherencia de las obras. Una fe verdadera se abre camino en gestos concretos:
tender la mano al que duerme en la acera, luchar por la justicia en medio de la
corrupción, cuidar la vida incluso cuando la lógica del egoísmo dicta lo
contrario.
Puerta estrecha, puerta siempre abierta
El Papa explicó que la puerta estrecha no
contradice la misericordia de Dios:
Es estrecha porque exige humildad, conversión y
vencer el orgullo.
Es amplia porque es Cristo mismo quien invita y la
mantiene abierta sin distinción.
La salvación no es privilegio de unos pocos, sino
misericordia que fluye y derriba barreras.
Dios acoge a todo aquel que se acerca con corazón
sincero y dispuesto a transformarse
En esta ciudad donde abundan puertas que se cierran
—las del empleo, de la vivienda, de la salud, del afecto—, hay una que
permanece abierta: la de Cristo. Entrar por ella significa tomar decisiones
valientes, a veces incómodas o impopulares, pero fecundas en amor y justicia.
El Papa nos advierte: no basta la etiqueta de
‘religiosos’ si la vida no cambia. Dios rechaza el culto vacío y abraza la
coherencia sencilla: la justicia que se practica en la oficina, la paciencia en
el transporte público, la solidaridad en la colonia. Esa es la verdadera
salvación que se abre paso en medio del concreto.
Hoy, Cristo en la Ciudad nos recuerda que la estrechez
de la puerta no es obstáculo, sino camino. Un camino que se recorre con
humildad, con obras de misericordia y con la certeza de que, aunque cueste,
siempre conduce a la alegría plena del Evangelio. RM
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