Cuando la médico
gastroenteróloga Juliana Suárez Correa empezó a publicar contenido en redes
sociales, se dio cuenta de un problema importante: a la gente le incomoda
hablar sobre el funcionamiento de su aparato digestivo. «Hay una vergüenza, a la gente
le cuesta mucho trabajo hablar de sus síntomas», le contó a
BBC Mundo.
«Y yo empecé
hablando de muchos temas, de gastritis, hepatitis, pancreatitis, reflujo, y nos
dimos cuenta de que hay personas que ni siquiera pueden pronunciar la palabra
gastroenterólogo. Fue cuando yo hablé del popó, y empecé a mostrar figuras de
popó en la cuenta, que la gente simplemente conectó. Fue cuando me bautizaron
como ‘la doctora Popó’», explicó la
experta colombiana.
Desde entonces, la Dra. Suárez
Correa usa su cuenta en Instagram @ladoctorapopo_ para hablar sobre el correcto
funcionamiento del sistema digestivo y tener una conversación seria sobre el
popó. Además ha publicado un libro digital titulado ‘El arte de hacer popó: Una
digestión sana. Una vida feliz’).
«Nos quitaron
la curiosidad del popó cuando éramos niños -nos dijeron ‘caca, ¡feo!’- pero
ahora como adultos tenemos un espacio donde podemos hablar normal sobre él». La doctora conversó con BBC
Mundo sobre los principales errores que la gente comete sobre su salud
digestiva y dio algunos consejos para que puedas ir al baño con regularidad.
1. Incluye más alimentos
En la actualidad, es muy
difícil estar en redes sociales, viendo televisión o leyendo alguna revista sin
encontrar alguna mención a las numerosas de ‘dietas milagrosas’ que prometen
ayudar a perder peso mediante la eliminación de uno o varios tipos de alimentos.
Pero el consejo de la Dra.
Suárez Correa es el opuesto: «Yo a la
gente le digo que el problema no está en el alimento, sino en la microbiota de
cada persona». La
microbiota es un ecosistema de bacterias que habita nuestros sistemas
digestivos, y que nos ayuda en el proceso de descomponer los alimentos que
comemos. Y a la microbiota le encanta la diversidad.
La gastroenteróloga explica
que la ‘obsesión’ actual en redes sociales por encontrar una ‘dieta perfecta’
ha hecho que la gente elimine de su alimentación todo tipo de alimentos, lo que
ha vuelto su microbiota más débil.
«La culpa no
es de la lenteja, no es del gluten -que está satanizado completamente-, no es
del ajo, sino que la microbiota se ve afectada por la falta de fibra en la
dieta, el estrés, la falta de ejercicio…».
«Lo que yo
digo en el libro es hay que volver a comer. Pero esto es como si yo hubiera
sido corredora de maratones que llevo tiempo sin entrenar y me enfrento a una
maratón de 42 km: tienes que empezar a construir la microbiota de a poquito».
La especialista recomienda ir
experimentando de manera gradual con agregar nuevos alimentos naturales a la
dieta hasta tener presentes todos los grupos alimenticios: «lácteos, más frutas, más
verduras, más fríjoles, más lentejas, más garbanzos, más nueces, más semillas».
2. Lleva una vida saludable y
no te obsesiones con la dieta perfecta
Más allá del rol que tiene la
microbiota a la hora de descomponer los alimentos, la doctora Suárez dice que
este ecosistema que vive en nuestras panzas controla muchos procesos en nuestro
cuerpo, desde el estado de ánimo hasta el sistema inmune, lo cual la hace un
elemento fundamental para nuestro bienestar.
«Aquí hay un
ecosistema muy importante -controla la salud metabólica, la salud
cardiovascular, hormonal, la piel, las enfermedades autoinmunes-, y todavía nos
cuesta entender que tenemos que alimentarlo con su alimento principal, que es
la fibra y no con comidas ultraprocesadas», que son
aquellas que tienen todo tipo de aditivos y conservantes.
Además, es un ecosistema
particularmente sensible a muchos factores de nuestra vida, incluidos el
estrés, el uso prolongado de antibióticos y el sedentarismo. «Las personas con sistemas
digestivos más fuertes son las que tienen diversidad en su microbiota, son las
que consumen toda una variedad de alimentos, hacen ejercicio, duermen bien y
cuando se mezclan todos estos elementos, no se obsesionan si se comen una
paleta por ahí o una hamburguesa por ahí».
La doctora además cree que
fijarse tanto en qué comer y en qué no comer termina generando una asociación
de ansiedad y hace que la gente no disfrute de la comida. «No se trata de una dieta
perfecta, se trata de tomar muy buenas decisiones y siempre debe existir
espacio para excepciones».
Cuenta que en casos extremos
de algunos de sus pacientes, la microbiota está tan afectada que «apenas pueden comer pollo con
zanahoria porque todo lo demás les hace daño».
«Cuando la
comida empieza a generar síntomas, la digestión se vuelve difícil y es cuando
la gente, confiando en las redes sociales y en los medios, le echa la culpa a
la comida. Esto además, genera ansiedad, y hace que la gente elimine más
alimentos». Para
cuando se dan cuenta, han eliminado gran parte de los alimentos que necesitan
para tener una microbiota saludable.
3. Empieza temprano y nunca
pares
«Muchos de
estos problemas empiezan en la infancia», explica la
Dra. Suárez Correa. «Hay momentos
puntuales del desarrollo, digamos la quitada del pañal, que pueden ser muy
traumáticos. O introducir las frutas y las verduras en la dieta de los niños,
que no es fácil».
Según la especialista, muchas
veces, los papás fallan a la hora de exponer a los pequeños a las frutas y
verduras desde la infancia. Una gran manera de hacerlo es presentándoselas como
juguetes.
«Hagámosle
una mascarilla de aguacate a la muñeca, y no se la va a comer pero si conoce el
aguacate, y juega con él, cuando esté más grande lo va a incluir en su dieta
más fácilmente». Esta
exposición a nuevos sabores, olores y texturas tiene además una gran ventaja:
se puede hacer en cualquier momento de la vida, como la Dra. Suárez Correa
asegura que le ocurrió a ella.
«A mí la
berenjena no me llamaba la atención pero la aprendí a comer hace un par de
años. El aguacate nunca me gustó. Pero si no te acostumbras al sabor y a
incluirlos, se van a quedar fuera de tu alimentación». Según explica la doctora, al
entrenar a nuestra microbiota con estos nuevos alimentos, estamos también
entrenando nuestro gusto. «Los gustos
cambian porque, en gran parte, están controlados por la microbiota».
4. Escucha a tu cuerpo
Hay muchas cosas sobre el
funcionamiento de nuestro cuerpo que aún no entendemos del todo, pero hay
muchas que, a través de arduas investigaciones científicas, hemos podido
descubrir.
Y a pesar de que tenemos un
universo de información a la mano, para la Dra. Suárez Correa es sorprendente
lo poco que las personas saben sobre su propio organismo y la vergüenza que les
genera preguntar.
«Una persona
que está buscando limpiezas, que siente que tiene que limpiar, es porque no
está haciendo bien popó. Nosotros como seres humanos tenemos órganos que hacen
ese trabajo, tenemos riñones, hígados, pulmones o el colon, que maneja
deshechos».
«Si yo soy
consciente de eso, no tengo que hacerme limpiezas ni purgas sino que empiezo a
comer más fibra, más frutas, más verduras, y a hacer ejercicio y dormir mejor y
a hacer popó muy bien», afirma.
Y escucha a tu cuerpo, que tu
cuerpo es el primero en decirte qué es lo que necesita. «Vemos a una cantidad de gente
que se levanta temprano para ir al gimnasio o al trabajo, no desayunan y el
reflejo de hacer popó, que suele aparecer en la mañana, aparece en el trabajo.
Y hay gente que se aguanta porque cree que está ‘mal visto (hacer popó)’».
«No somos
conscientes de que este es un sistema digestivo que es finalmente un tubo que
conecta boca y ano, muy especializado, que toma unos nutrientes y genera unos
desechos, y que si tú no estás pendiente de sacar la basura todos los días, no
le das el espacio a hacer popó, vas a tener problemas», concluyó. BP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario