Dios no descarta nada de tu historia
Cuando uno cae, lo primero que siente es vergüenza. Lo segundo, miedo. Y lo tercero, el deseo de
que nadie se entere. Pero con Cristo, las caídas no son el final. Son el principio de algo nuevo.
Dios no se escandaliza de tus errores. Él
ya los vio. Ya los conoce. Y aun así… te llama.
No para condenarte, sino para levantarte y enviarte.
Muchos de los santos que admiramos tuvieron pasados
complicados. San Agustín fue un buscador perdido. San Pablo, perseguidor de
cristianos. Santa María Magdalena, marcada por la mirada del mundo.
Pero cuando Cristo entró en sus vidas, todo cambió: la
herida se volvió testimonio, la culpa se volvió
compasión, la oscuridad se volvió lámpara para otros.
“Vayan y cuenten lo que el Señor
ha hecho con ustedes” (Marcos 5,19)
Dios no te pide que borres tu historia. Te pide que
la entregues. Y que dejes que Él
la transforme en misión.
Alguien necesita escuchar lo que tú has vivido. Alguien
que hoy está donde tú estuviste. Y tú
puedes ser voz, puente, consuelo, guía.
No eres lo que hiciste. Eres lo que Dios puede hacer contigo. RM
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