sábado, 1 de diciembre de 2018

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Iván Slezyuk, Beato

Obispo y Mártir, 2 de Diciembre
Martirologio Romano: En Stanislaviv, Ucrania, beato Iván Slezyuk, obispo y mártir (1973).

Obispo, que llevaba su ministerio clandestina e infatigablemente entre los fieles de rito bizantino bajo un régimen contrario a Dios. Mártir, a quien el Señor otorgó la palma eterna por su impávida constancia en Cristo ante los perseguidores. 
Fue beatificado por Juan Pablo II en el año 2001 junto a otros 24 mártires greco-católicos.

Científicos encuentran una manera de hacer que el arroz sea menos graso

El arroz es un plato popular que se disfruta en todo el mundo. Combina bien con muchos sabores y texturas de los alimentos, por lo que es un acompañamiento común en las cocinas de muchas culturas. Se consume en grandes cantidades en India y China, donde es un alimento básico de bajo costo. Sin embargo, la desventaja de esta deliciosa comida es que no es la opción más saludable, es alta en carbohidratos, hasta 200 calorías por taza, y se convierte rápidamente en azúcar y grasa corporal. No solo es malo para tu peso sino también para tu salud. El consumo de arroz se ha relacionado con una mayor incidencia de diabetes.
Si este alimento básico fuera menos denso en calorías, tendría un impacto sorprendente en la salud de las personas. La buena noticia es que los investigadores en Sri Lanka han estado reflexionando sobre esa pregunta y han hecho un descubrimiento notable. 
Al manipular cómo se cocina el arroz, el estudiante universitario de Sri Lanka, Sudhair James, supervisado por su profesor, el Dr. Pushparajah Thavarajah, en el Colegio de Ciencias Químicas, ha encontrado la manera de reducir la ingesta de calorías a la mitad. La pareja probó 8 recetas diferentes y 38 tipos de arroz para encontrar la fórmula ganadora. Descubrieron que hacer dos pequeños cambios en el método tradicional de cocción de arroz puede alterar la forma en que el cuerpo absorbe los carbohidratos.
La buena noticia es que este método no reinventa la rueda en la cocción, por lo que es fácil de aplicar a su vida diaria. Tradicionalmente el arroz se cocina en una olla. El nuevo método solo implica dos cambios en la forma en que generalmente hierves el arroz.
Instrucciones:
1.     Pesa la cantidad de arroz que quieres cocinar.
2.     Lava el arroz.
3.     Hierve el agua y luego agrega aceite de coco al agua.
4.     La cantidad de aceite a utilizar: 3% del peso del arroz.
5.     Agrega el arroz al agua hirviendo y deja que se cocine como de costumbre.
6.     Cuando el arroz esté listo, enfríalo colocándolo en la nevera durante 12 horas.
7.     Puedes recalentarlo para comer en cualquier comida.
¿Cómo funciona?
Esto puede parecer demasiado simple, sin embargo, este método es válido cuando entiendes la química de los alimentos. Los investigadores explican que al agregar aceite de coco, un lípido, cambiaron la forma en que el arroz interactuaba con el almidón. El arroz hirviendo crea un almidón digestible, que es fácil de digerir para el cuerpo y se convierte rápidamente en glucosa, energía y grasa corporal. Con un lípido en la mezcla, la composición del arroz cambia y se comporta más como un almidón resistente. Este almidón más saludable lleva al cuerpo más tiempo para procesarlo y evita que se convierte en glucosa y grasa. Enfriar inmediatamente el arroz fortifica el almidón resistente.
El equipo continúa manipulando diferentes variedades de arroz y aceites. Esperan poder aplicar su descubrimiento a otros alimentos pesados con carbohidratos y almidón como el pan. Ya que este método es fácil de reproducir en casa y no interfiere con el sabor del arroz, ¡te recomiendo que pruebes este método por ti mismo!

Bruxismo: qué es, causas, síntomas, diagnóstico, tratamiento y prevención

Que es
El bruxismo es un trastorno que consiste en apretar y rechinar los dientes de forma involuntaria, tanto a lo largo del día como durante el descanso nocturno, de manera regular, lo que puede causar daños en las piezas dentales, además de otros trastornos como dolor mandibular o de oídos, o cefaleas frecuentes. A las personas que lo padecen se los denomina bruxómanos. 
Por la noche, durante el sueño, el problema es más grave, ya que el paciente no es consciente de su acción y, por lo tanto, es todavía más difícil de controlar. Este tipo de bruxismo se considera una de las alteraciones del sueño o parasomnia. 
Sin embargo, incluso estando despiertas muchas personas tampoco se dan cuenta de que lo están haciendo, y son los que les rodean los que lo advierten. 
Se desconoce la causa por la que se produce este apretar y rechinar de dientes, pero se considera que el estrés puede ser el responsable del trastorno en un gran número de casos. Una mordedura anormal o una dentadura torcida también pueden provocarlo. 
Generalmente el bruxismo no se asocia a ningún trastorno determinado, pero en otras ocasiones puede deberse a problemas neurológicos, odontológicos, psiquiátricos o a consumo de drogas. 
Aunque no se conoce exactamente su prevalencia, se sabe que este problema es más frecuente con el paso de los años, siendo poco habitual en niños pequeños menores de 6 años. A partir de la adolescencia, se estima que en torno al 20% pueden presentar algún tipo de bruxismo, siendo una cifra muy variable según las poblaciones estudiadas. Además son datos, en el caso del bruxismo nocturno, que no aporta la persona afectada sino el acompañante en el descanso nocturno. 

Causas
Se barajan distintos factores como posibles inductores de la aparición del bruxismo. Primero cabe diferenciar aquellos casos idiopáticos o sin causa aparente, es decir, primarios, ya sean durante el día o durante el sueño. Y por otro lado aquellos casos de bruxismo secundario, o consecuencia de otros trastornos. 
Así tenemos que estas son algunas de las causas del bruxismo: 
Alteraciones de la oclusión mandibular: a medida que se desarrolla en el niño la osificación y crecimiento de la mandíbula, pueden generarse trastornos de la oclusión de la boca que directa o indirectamente acaben por generar un trastorno de rechinamiento de dientes posteriormente. También las piezas dentarias de distintas formas pueden generar un apretamiento dentario inconsciente. 
Trastornos neurológicos: se atribuyen a este grupo algunos casos de bruxismo nocturno, donde pueden presentarse alteraciones de algunos neurotransmisores cerebrales, ya sea en sus receptores a nivel de las neuronas, o a nivel de las conexiones entre éstas. 
Es en este caso en el que se puede considerar un verdadero trastorno del sueño o parasomnia. En algunos individuos se asocia a sonambulismo, microdespertares, apnea del sueño y otros problemas relacionados con el descanso nocturno. 
Trastornos psicológicos o emocionales: muy frecuentemente se considera un trasfondo de estrés o ansiedad asociado a este particular rechinar de dientes. 
Factores genéticos: puede ser que existan miembros de una misma familia con este problema, hasta en un 50% de los casos. 

Síntomas
Al apretar los dientes, sobre todo si se hace con fuerza y durante bastante tiempo, se ejerce una importante presión sobre los músculos y otros tejidos y estructuras que rodean la mandíbula. 
Entre los síntomas que puede experimentar la persona con bruxismo destacan: 
Principales síntomas del bruxismo 
·        Estrés y Ansiedad. 
·        Ruidos articulares (que pueden llegar a ser bastante intensos, e incluso molestar al compañero de cama). 
·        Dolor de oído (debido a la afectación de la articulación temporomandibular). 
·        Dolor de cabeza. 
·        Dolor o inflamación de la mandíbula. 
·        Desgaste acelerado y prematuro de los dientes. 
·        Pérdida de esmalte dental. 
·        Trastornos del sueño. 
·        Uno de los síntomas más comunes del bruxismo es la excesiva sensibilidad dental al cepillado o a los alimentos calientes o fríos, debido a que la pérdida de esmalte deja expuesta la dentina a los estímulos mecánicos o térmicos. 
·        Dolor facial. 
·        Fracturas dentales. 
·        Rigidez muscular. 
·        Hipertrofia de los músculos maseteros (que son los que se encargan de la masticación). 

Diagnóstico
El paciente puede desconocer que sufre bruxismo, y normalmente lo descubre en una revisión dental rutinaria (a veces acude al dentista porque comienza a sentir un dolor agudo en la cara o el cuello), o porque alguna persona de su entorno (especialmente si duerme acompañado) capta el ruido que produce al rechinar los dientes y le advierte. La exploración clínica y un estudio radiográfico confirmarán el diagnóstico de bruxismo. 
Así, se considera que la primera sospecha la puede establecer el odontólogo al revisar los signos característicos de desgaste de la dentadura y la hipertrofia de los músculos maseteros, situados a ambos lados de la mandíbula y que son los encargados de apretar la dentadura. 
Deben quedar excluidas otras patologías que pudieran generar un desgaste dentario similar. O también, el uso de férulas de descarga puede poner de manifiesto determinados signos característicos, una vez revisada tras su uso durante un período de tiempo. 
Por otro lado, los criterios clínicos han sido expuestos dentro de los síntomas, pero cabe recordar que el dolor en la masticación, el rechinar de dientes referido por alguna persona que convive con el afectado y las cefaleas matutinas suelen ser el hilo conductor que hace pensar al paciente o al especialista que se trata de bruxismo. 
En casos muy concretos se puede recurrir a algún método diagnóstico algo más complejo y que se realiza en centros médicos. Por un lado, la realización de un electromiograma de la musculatura masticadora puede demostrar tanto la intensidad como la frecuencia de eventos bruxistas durante el día y la noche. En los últimos años se han desarrollado incluso dispositivos portátiles para realizar estas mediciones en el ámbito domiciliario, aunque con un coste elevado. 
Finalmente, debe quedar reflejado que la prueba de máxima garantía para el diagnóstico del bruxismo es la polisomnografía, es decir, un registro combinado con audio y video de las fases del sueño, de la actividad eléctrica cerebral, actividad muscular de la cara y de los ojos, etcétera, que se realiza en el medio hospitalario y, por este motivo, queda relegada a determinados casos muy concretos. 

Tratamiento
El tratamiento del bruxismo tiene por objeto disminuir el dolor y tratar de evitar que se produzca un daño dental irreversible. 
Algunas medidas que puede tomar el paciente para paliar los síntomas son: 
·        Aprender técnicas de relajación que le ayuden a reducir el estrés y la ansiedad. 
·        Realizar ejercicios de estiramiento indicados por un fisioterapeuta para facilitar la recuperación del equilibrio muscular y articular de ambos lados de la cabeza. 
·        Esforzarse por relajar los músculos faciales y las mandíbulas durante el día, para intentar convertir esta acción en un hábito. 
·        Combatir el insomnio instaurando unos buenos hábitos de higiene del sueño. 
·        Masajear los músculos de cara, cuello y hombros para reducir la sensación dolorosa. 
·        Evitar aquellos alimentos que resulten duros o de difícil masticación e hidratarse adecuadamente. 
·        Aplicar calor húmedo. 
Para evitar o frenar el daño que se produce en los dientes y disminuir la sobrecarga muscular causada por el bruxismo, se utiliza un dispositivo conocido como férula de descarga, que cumple la misión de proteger la dentadura de la presión que ejerce el paciente cuando los aprieta y rechina. 
La férula está hecha de resina, es rígida, y puede estar diseñada, además, de forma que contribuya a mantener la mandíbula en una posición más relajada. Aunque la férula se suele colocar por la noche antes de dormir, se debe llevar también durante el día en caso de que sea necesario. El problema es que la férula no suprime el hábito del paciente de apretar los dientes y, al retirarla, vuelven las molestias. 
En ocasiones, en algunos pacientes con bruxismo es necesario realizar un tratamiento de ortodoncia para corregir los huesos y los dientes que están mal colocados. 
Lo ideal sería conseguir que la persona abandone el hábito. En algunos casos, el problema remite de manera espontánea pero, en aquellos que no es así, se hace imprescindible el uso continuado de la férula para minimizar los daños. 
Cuando los dientes se aprietan solo durante el día, es más fácil modificar el comportamiento del paciente pero, si el bruxismo es nocturno, resultará mucho más difícil de combatir. Se han probado métodos como la biorretroalimentación o la autohipnosis, con resultados diversos según la severidad del trastorno y la personalidad del paciente. 

Prevención
Al tratarse este trastorno de un hábito involuntario, es difícil establecer medidas que ayuden a prevenir la aparición de bruxismo, excepto evitar la única causa conocida, es decir, el estrés. 
Un alto nivel de estrés o ansiedad durante el día puede desencadenar episodios de bruxismo durante la noche (e incluso durante el día). Por lo tanto, si el periodo de estrés se prolonga, hay que tomar medidas para disminuir o eliminar el problema antes de que provoque otros trastornos. 
Algunas opciones para intentar prevenir el bruxismo (al menos el nocturno) son: 
·        Practicar algunos deportes que nos ayuden a liberar ese estrés y dormir más profundamente. 
·        Evitar el consumo de café y otros excitantes horas previas a irnos a la cama. 
·        Intentar tener momentos de descanso y relax entre las actividades más estresantes del día a día. 
·        Buscar la manera de relajarnos antes de acostarnos, escuchando música tranquila por ejemplo. 
Un diagnóstico precoz es muy importante para evitar efectos secundarios y complicaciones del bruxismo, como el desgaste prematuro de los dientes. RC

El fin del mundo

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pasado el sufrimiento de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará resplandor; las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y gloria; él enviará entonces a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo. Fíjense en el ejemplo de la higuera: cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Pues lo mismo ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Hijo del hombre ya está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre».
Reflexión
Se acerca el fin del año litúrgico. Por eso, los textos bíblicos de hoy nos hablan, como todos los años, de la vuelta gloriosa de Cristo, del fin del mundo, del juicio universal. Estas promesas entusiasmaban a los primeros cristianos. Era esta fe, esta espera activa, la que impresionaba a sus contemporáneos. Porque aquellos cristianos no vivían como los demás, es decir, como gente sin esperanza.
¿Y nosotros? La verdad es que muchos de nosotros no se sienten familiarizados con estos pensamientos. Nosotros no nos sentimos ni animados con estas promesas, ni inquietados por estas amenazas tan lejanas. Pocos de nosotros alimentan su vida religiosa con estos pensamientos. Sin embargo, estos sucesos tendrán lugar, algún día:
·        Es cuestión de fe que Nuestro Señor ha de volver;
·        Es cuestión de fe que este mundo tendrá fin;
·        Es cuestión de fe que todos nosotros seremos juzgados.
Se puede dividir a los cristianos de nuestro tiempo en dos categorías, según su actitud frente a estos grandes sucesos que nos revela la fe.
1.     Los que no esperan nada.
Tenemos en primer lugar al grupo inmenso de cristianos que no velan, que no esperan nada, que no aguardan nada.
Son aquellos que se han instalado en el mundo y que viven confundidos con él, con todo lo que esto significa. Son cristianos por educación y por algunas prácticas, con las cuales creen haberse asegurado firmes derechos en la otra vida.
La vuelta gloriosa de Cristo, el fin y el juicio de este mundo no son más que cosas exageradas, que no están al alcance de su mentalidad. Ellos, desde luego, no las esperan. Lo que esperan es todo lo contrario: que continúe lo más posible su pobre vida y sus pobres caprichos de aquí abajo.
No es que no creen en esos sucesos que el Evangelio anuncia. Los aceptan con docilidad, pero sin interés, porque no ven en ellos nada que les pueda interesar.
2.     Los que esperan la vuelta del Señor.
La verdadera fe de un cristiano en la Parusía no tiene nada que ver con esa actitud. Un auténtico cristiano aguarda con valentía y esperanza la vuelta del Señor.
“Toda la creación gime en la espera de la manifestación de los hijos de Dios” dice San Pablo. También nosotros: nuestra vida verdadera está oculta en Dios y sólo se revelará cuando el Señor aparezca.
Pero mientras espera esta aparición definitiva del Señor, el cristiano auténtico no está inactivo. Por el contrario, esta fe en la Parusía le da ánimo para trabajar en la preparación del Reino.
San Pablo creía que el Señor volvería al mundo, cuando toda la tierra fuera evangelizada. Creía que podía evangelizarla en el espacio de una vida humana. Y esta esperanza lo lanzaba por todos los caminos del Imperio Romano.
También los primeros cristianos esperaban a Cristo de un momento a otro. Por este motivo ponían todos sus bienes en común. Por este motivo se alegraban también de las persecuciones y del martirio. Cristo podía venir en cada instante y ¡ojalá que los encontrara sufriendo y muriendo por Él!
Esto era lo que le dio a la Iglesia primitiva aquel dinamismo tan extraordinario que convenció y convirtió a los contemporáneos.
También a nosotros, la esperanza en el triunfo final de Cristo debería entusiasmarnos en la preparación de su Reino. Tenemos en nuestras manos los medios para salvar al mundo: los sacramentos, la oración, el trabajo, fuentes inagotables de gracias.
El fin de los tiempos no debe ser una catástrofe, sino una realización y una culminación. Dios no quiere aniquilar este mundo, que tanto ha amado, sino que quiere perfeccionarlo y salvarlo.
Y esta perfección y salvación del mundo tiene que ser obra nuestra, obra de todos los cristianos. Nosotros somos los responsables de humanizar, transformar, evangelizar y divinizar el mundo.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a hacer un acto de fe en su victoria eterna y definitiva y, a convertirnos en colaboradores incansables en su Reino. ¡No rechacemos esta invitación del Señor del mundo! NS

Día litúrgico: Domingo I (C) de Adviento

Texto del Evangelio (Lc 21,25-28.34-36): En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.
»Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

«Estad en vela (...) orando en todo tiempo para que (...) 
podáis estar en pie delante del Hijo del hombre»

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, justo al comenzar un nuevo año litúrgico, hacemos el propósito de renovar nuestra ilusión y nuestra lucha personal con vista a la santidad, propia y de todos. Nos invita a ello la propia Iglesia, recordándonos en el Evangelio de hoy la necesidad de estar siempre preparados, siempre “enamorados” del Señor: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida» (Lc 21,34).
Pero notemos un detalle que es importante entre enamorados: esta actitud de alerta —de preparación— no puede ser intermitente, sino que ha de ser permanente. Por esto, nos dice el Señor: «Estad en vela, pues, orando en todo tiempo» (Lc 21,36). ¡En todo tiempo!: ésta es la justa medida del amor. La fidelidad no se hace a base de un “ahora sí, ahora no”. Es, por tanto, muy conveniente que nuestro ritmo de piedad y de formación espiritual sea un ritmo habitual (día a día y semana a semana). Ojalá que cada jornada de nuestra vida la vivamos con mentalidad de estrenarnos; ojalá que cada mañana —al despertarnos— logremos decir: —Hoy vuelvo a nacer (¡gracias, Dios mío!); hoy vuelvo a recibir el Bautismo; hoy vuelvo a hacer la Primera Comunión; hoy me vuelvo a casar... Para perseverar con aire alegre hay que “re-estrenarse” y renovarse.
En esta vida no tenemos ciudad permanente. Llegará el día en que incluso «las fuerzas de los cielos serán sacudidas» (Lc 21,26). ¡Buen motivo para permanecer en estado de alerta! Pero, en este Adviento, la Iglesia añade un motivo muy bonito para nuestra gozosa preparación: ciertamente, un día los hombres «verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria» (Lc 21,27), pero ahora Dios llega a la tierra con mansedumbre y discreción; en forma de recién nacido, hasta el punto que «Cristo se vio envuelto en pañales dentro de un pesebre» (San Cirilo de Jerusalén). Sólo un espíritu atento descubre en este Niño la magnitud del amor de Dios y su salvación (cf. Sal 84,8).