domingo, 26 de febrero de 2023

La primera palabra de Jesús…

El evangelista Mateo cuida mucho el escenario en el que va a hacer Jesús su aparición pública. Se apaga la voz del Bautista y se empieza a escuchar la voz nueva de Jesús. Desaparece el paisaje seco y sombrío del desierto y ocupa el centro el verdor y la belleza de Galilea. Jesús abandona Nazaret y se desplaza a Cafarnaúm, a la ribera del lago. Todo sugiere la aparición de una vida nueva.

Mateo recuerda que estamos en la «Galilea de los gentiles». Ya sabe que Jesús ha predicado en las sinagogas judías de aquellas aldeas y no se ha movido entre paganos. Pero Galilea es cruce de caminos; Cafarnaúm, una ciudad abierta al mar. Desde aquí llegará la salvación a todos los pueblos.

De momento, la situación es trágica. Inspirándose en un texto del profeta Isaías, Mateo ve que «el pueblo habita en tinieblas». Sobre la tierra «hay sombras de muerte». Reina la injusticia y el mal. La vida no puede crecer. Las cosas no son como las quiere Dios. Aquí no reina el Padre.

Sin embargo, en medio de las tinieblas, el pueblo va a empezar a ver «una luz grande». Entre las sombras de muerte «empieza a brillar una luz». Eso es siempre Jesús: una luz grande que brilla en el mundo.

Según Mateo, Jesús comienza su predicación con un grito: «Convertíos». Esta es su primera palabra. Es la hora de la conversión. Hay que abrirse al reino de Dios. No quedarse «sentados en las tinieblas», sino «caminar en la luz».

Dentro de la Iglesia hay una «gran luz». Es Jesús. En él se nos revela Dios. No lo hemos de ocultar con nuestro protagonismo. No lo hemos de suplantar con nada. No lo hemos de convertir en doctrina teórica, en teología fría o en palabra aburrida. Si la luz de Jesús se apaga, los cristianos nos convertiremos en lo que tanto temía Jesús: «unos ciegos que tratan de guiar a otros ciegos».

Por eso también hoy esa es la primera palabra que tenemos que escuchar: «Convertíos»; recuperad vuestra identidad cristiana; volved a vuestras raíces; ayudad a la Iglesia a pasar a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús; vivid con nueva conciencia de seguidores; poneos al servicio del reino de Dios. JAP

Día litúrgico: Lunes I (A) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 25,31-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.
»Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».
 
«Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo»
 
Comentario: Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart (Tarragona, España)
 
Hoy se nos recuerda el juicio final, «cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles» (Mt 25,31), y nos remarca que dar de comer, beber, vestir... resultan obras de amor para un cristiano, cuando al hacerlas se sabe ver en ellas al mismo Cristo.
Dice san Juan de la Cruz: «A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar a Dios como Dios quiere ser amado y deja tu propia condición». No hacer una cosa que hay que hacer, en servicio de los otros hijos de Dios y hermanos nuestros, supone dejar a Cristo sin estos detalles de amor debido: pecados de omisión.
El Concilio Vaticano II, en la Gaudium et spes, al explicar las exigencias de la caridad cristiana, que da sentido a la llamada asistencia social, dice: «En nuestra época, especialmente urge la obligación de hacernos prójimo de cualquier hombre que sea y de servirlos con afecto, ya se trate de un anciano abandonado por todos, o de un niño nacido de ilegítima unión que se ve expuesto a pagar sin razón el pecado que él no ha cometido, o del hambriento que apela a nuestra conciencia trayéndonos a la memoria las palabras del Señor: ‘Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’ (Mt 25,40)».
Recordemos que Cristo vive en los cristianos... y nos dice: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).
El Concilio Lateranense IV define el juicio final como verdad de fe: «Jesucristo ha de venir al fin del mundo, para juzgar a vivos y muertos, y para dar a cada uno según sus obras, tanto a los reprobados como a los elegidos (...) para recibir según sus obras, buenas o malas: aquellos con el diablo castigo eterno, y éstos con Cristo gloria eterna».
Pidamos a María que nos ayude en las acciones de servicio a su Hijo en los hermanos.

26 de Febrero...

Buenos días... 764

sábado, 25 de febrero de 2023

Música Relajante...

Fausto Papetti - Luna azul...

La verdad es... 01

Cuidar... 01

Víctor, Santo

Eremita, 26 de Febrero
Elogio: En Arcis-sur-Aube, en la Champaña, san Víctor, eremita, cuyas alabanzas escribió san Bernardo.
País: Francia - †: s. VII
 
Entre los sermones de San Bernardo hay dos panegíricos sobre un sacerdote y ermitaño, llamado Víctor, de Arcis-sur-Aube, en Champaña. Dice San Bernardo: «En el cielo ve ya a Dios a la plena luz de la revelación; pero su gozo inmenso no le hace olvidarse de nosotros. Víctor no habita en un mundo de olvido. El cielo no endurece ni estrecha los corazones, sino que los hace más tiernos y compasivos; no aparta ni distrae el pensamiento de nosotros; no disminuye, sino que aumenta el afecto y la caridad y hace que los bienaventurados se apiaden de nosotros. Aunque los ángeles contemplan el rostro del Padre, no por ello dejan de visitarnos y asistirnos continuamente. ¿Cómo, pues, podrían olvidarnos aquellos que convivieron con nosotros y que nos ven sufrir lo que ellos sufrieron antes que nosotros? ¡No! Yo sé que el justo me espera hasta que Tú me des la corona. Víctor no es como el copero del faraón, que olvidó a su compañero de prisión [Gn 40,22]. La estola de gloria que lleva sobre los hombros no extingue su misericordia ni el recuerdo de nuestras penas».
San Víctor, que nació en la diócesis de Troyes, fue un santo desde la cuna. En su juventud, la oración, el ayuno y la limosna constituían sus delicias. Después de su ordenación sacerdotal, el amor por la contemplación, a la que se había sentido siempre muy inclinado, le llevó a preferir la soledad a la cura de almas. El Espíritu Santo le dirigía. Víctor vivía en tan continua unión con Dios por la oración y contemplación, que parecía estar por encima de las condiciones ordinarias de la vida mortal. Dios le llenó de gracias y le concedió el don de obrar milagros; pero la mayor de las maravillas en Víctor fue el ejemplo de su propia vida, que convirtió a muchos pecadores. Víctor vivió en la soledad, en Arcis, cerca de Plancy-sur-Aube. Sus reliquias fueron trasladadas a la abadía benedictina de Montiéramey. Los monjes rogaron a San Bernardo que redactase el oficio de San Víctor y que compusiera un himno en su honor.

¿Es normal tener seis dedos en una mano o pie?

La polidactilia es una de las condiciones congénitas (de nacimiento) más comunes. Ocurre cuando un bebé nace con un dedo extra, es decir seis dedos, en una mano o pie, o en ambos. 
Uno de cada 500 a 1,000 bebés nace con seis dedos, y lo más común es que solo una mano se vea afectada. El o los dedos extra suelen ser más pequeños y muestran un desarrollo insuficiente. En muchos casos, el dedo extra se presenta como un apéndice de otro y puede caer por si solo hacia la segunda semana de vida. Pero, en otros, la sexta falange se desarrolla por completo y puede ser ciento por ciento funcional. 
Por alguna razón que la ciencia aún no ha podido explicar, los bebés de raza negra presentan con más frecuencia un dedo índice extra, mientras que los asiáticos y blancos no hispanos presentan un pulgar extra, también llamado pulgar duplicado. Es mucho más extraño que el dedo extra aparezca en el medio de la mano. Estos dedos adicionales pueden tener un desarrollo insuficiente y estar unidos por un pequeño pedículo. Esto casi siempre ocurre en el lado de la mano donde se encuentra ubicado el dedo meñique.  
Los dedos malformados generalmente se extirpan. Simplemente atando una cuerda bien apretada alrededor del pedículo puede provocar que se desprenda a su tiempo si no hay huesos en el dedo. Esta afección se puede detectar durante el cuidado prenatal, a través de un ultrasonido, o visualmente al nacer. 
Aunque puede ocurrir naturalmente durante el desarrollo fetal por una traza genética anormal, sin que genere ninguna consecuencia para la salud, hay algunas afecciones que pueden disparar la polidactilia, entre ellas: 
·        Distrofia torácica asfixiante o sindrome de Jeune 
·        Síndrome de Carpenter 
·        Síndrome de Ellis-van Creveld (displasia condroectodérmica) 
·        Polidactilia familiar 
·        Síndrome de Laurence-Moon-Biedl 
·        Síndrome de Rubinstein-Taybi 
·        Síndrome de Smith-Lemli-Opitz 
·        Trisomía 13 
Como esta afección se diagnostica temprano en la vida, el bebé se recupera rápido y logra que su mano o pie funcione sin problemas. A veces se requiere algo de terapia ocupacional. Y rara vez un yeso. 
¿Qué son los defectos de nacimiento y las anomalías congénitas? 
Alrededor del 3 al 4% de los bebés nacen con algún tipo de defecto de nacimiento. Un defecto de nacimiento es un problema de salud o una anomalía física. Puede ser muy leve o grave. Algunos defectos congénitos ponen en peligro la vida, en cuyo caso el bebé puede vivir solo unos pocos meses. Los defectos de nacimiento también se conocen como ‘anomalías congénitas’. 
Los defectos de nacimiento más comunes son: 
·        Defectos del corazón 
·        Labio o paladar hendido 
·        Síndrome de Down 
·        Espina bífida 
¿Qué causa los defectos de nacimiento? 
La mayoría de los defectos de nacimiento son causados ​​por factores genéticos o ambientales o una combinación de ambos (defectos de nacimiento multifactoriales). En la mayoría de los casos, sin embargo, la causa es desconocida. 
Las causas genéticas o heredadas incluyen: 
Defectos cromosómicos: causados ​​por muy pocos o demasiados cromosomas, o problemas en la estructura de los cromosomas, como el síndrome de Down y una copia extra del cromosoma 21 y anomalías en los cromosomas sexuales. 
Defectos de un solo gen: una mutación en un gen causa el defecto. 
Herencia dominante: cuando uno de los padres (que puede o no tener la enfermedad) transmite un solo gen defectuoso, como la acondroplasia y el síndrome de Marfan. 
Herencia recesiva: cuando ambos padres, que no tienen la enfermedad, transmiten el gen de la enfermedad al niño, como la fibrosis quística y la gangliosidosis GM2 (enfermedad de Tay-Sachs). 
Una causa ambiental puede incluir drogas, alcohol o una enfermedad que tenga la madre que pueda aumentar la posibilidad de que el bebé nazca con un defecto congénito. Un agente que puede causar un defecto de nacimiento se conoce como teratógeno. 
Los defectos congénitos multifactoriales son causados ​​por una combinación de genes y exposiciones ambientales. En otras palabras, una persona puede heredar un gen que aumenta la sensibilidad a un desencadenante ambiental. Los ejemplos incluyen labio hendido o paladar hendido, ciertos defectos cardíacos y defectos del tubo neural. HD