La esperanza no se desentiende de
la fe, es la misma fe la que despierta el deseo, es en la fe donde se da el
conocimiento de que yo ya era antes en la entraña divina, es decir en el
Espíritu Santo. El punto de llegada de la fe es Cristo y este crucificado,
la fe busca descansar en el abrazo con Cristo que sucede allí donde se da su
morir de amor por mí. La condición es que mi morir vaya siendo un morir
semejante al suyo, morir de amor por el hombre. Allí se da la proclamación del
objeto de la esperanza: el gozo de ir siendo libre en el don de la vida a favor
de otros.
La cuaresma es
el tiempo de la narración de mi propia pasión a la luz de la pasión y muerte de
Cristo, es en Él donde me iré descubriendo en armonía o en desarmonía con
sus formas de dar su vida. La invitación que se nos hace en el tiempo de la
cuaresma es a la fiesta de la glorificación de Cristo y allí mi ser envuelto en
su resplandor.
Las preguntas que nos hacemos
son:
1.
Si mis formas y contenidos de muerte son formas de Cristo.
2.
Si soy libre en las propuestas, en los modos como me va proponiendo el ir
dando la vida.
3.
Si voy experimentando el gozo de ir padeciendo en su nombre.
4.
Si voy perdiendo la vida en su nombre para ir ganando la vida definitiva.
5.
Si voy anunciando en mi cuerpo el morir de Cristo. Si soy proclamación de
su resurrección.
Si mi morir es
un morir en favor de los que me han sido dados en responsabilidad y finalmente
morir en el morir de Cristo, muerte por todos, que no se me escape ninguno. No
quiero morir solo, como no quiero resucitar solo, pues soy comunión, soy
muchos, soy finalmente el hombre, es en el hombre donde deseo ir dando mi vida,
allí en el corazón de la humanidad quiero dar mi vida al modo como El me lo
proponga, allí quiero ser enterrado, allí resucitaré, es en el morir libremente
por otro donde voy siendo finalmente libre. RAS
No hay comentarios.:
Publicar un comentario