jueves, 12 de marzo de 2026

Donde la roca toca el cielo…

Montaña sagrada, piedra blanca, mirada al horizonte.
A veces, el alma necesita sentarse… no para huir del mundo, sino para recordar que hay más.
Más que pendientes, ruido o pantallas. Más que prisa, miedo o distracción.
En la altura, la roca se convierte en altar, y el silencio, en voz de Dios.
Él está ahí, en el resplandor que refleja tus lentes, en la brisa que toca tu rostro, en la sombra que se alarga detrás… y en la paz que no sabías que buscabas, pero encontraste.
Porque Cristo también sube contigo a la montaña. No para alejarte de la vida… sino para que la veas con otros ojos cuando bajes.
“Subió al monte y se sentó” (Mateo 5,1) RM

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