Con el inicio de cada ciclo
escolar, miles de familias gestionan el apto físico escolar como un requisito
obligatorio para que los chicos puedan participar de las actividades en la
escuela. En muchos casos, este certificado se resuelve con la simple firma de
una ficha médica, sin controles reales ni evaluaciones profundas, lo que puede
dejar pasar señales importantes sobre el estado de salud infantil.
“El apto físico escolar no
debería entenderse como un trámite administrativo. Se trata de una evaluación
médica integral que permite detectar de forma temprana alteraciones
cardiovasculares, respiratorias, posturales o metabólicas, muchas de las cuales
no presentan síntomas evidentes. Cuando no se realiza un control adecuado, estas
condiciones pueden pasar desapercibidas y representar un riesgo durante la
actividad física escolar” explica la Dra. Mónica Álvarez, Pediatra del CMC
Tucumán de Boreal Salud, empresa argentina con 25 años de trayectoria en el
mercado de la salud que brinda cobertura médica en las Zonas Centro, Cuyo,
Noroeste y Litoral.
En nivel inicial y primeros
años de primaria, el apto físico escolar debe incluir una evaluación clínica
completa: control de peso y talla, medición de la presión arterial,
auscultación cardíaca y respiratoria, y revisión de antecedentes personales y
familiares. Estos controles permiten acompañar el crecimiento y asegurar que el
niño esté en condiciones de realizar actividad física acorde a su edad.
A partir de los 7 u 8 años,
cuando la exigencia física dentro de la escuela comienza a aumentar, muchos
profesionales recomiendan sumar estudios complementarios como el
electrocardiograma. Este examen sencillo y no invasivo permite evaluar el
funcionamiento del corazón y detectar alteraciones que no se manifiestan en la
vida cotidiana, pero que pueden aparecer durante el esfuerzo físico.
“El apto físico escolar es una
oportunidad para realizar un chequeo general de salud y no solo para habilitar
la clase de educación física. Muchas veces detectamos alteraciones o vacunas
pendientes que no habían sido advertidas”, explicaron desde Boreal Salud.
Durante la preadolescencia y
adolescencia, el apto físico escolar cobra aún mayor relevancia. El crecimiento
acelerado, los cambios hormonales y el aumento de la intensidad en las clases
de educación física hacen necesario un control más exhaustivo. Además del
examen clínico y el electrocardiograma, se evalúan aspectos como la postura, la
capacidad respiratoria y la adaptación del organismo al esfuerzo.
Otro punto clave es la
verificación del calendario nacional de vacunación obligatorio, que es gratuito
y obligatorio en Argentina. En edad escolar se controlan especialmente los
refuerzos de vacunas como triple viral, varicela, hepatitis B y triple
bacteriana, y en la adolescencia se incorporan vacunas como meningococo y VPH.
Tener el esquema de vacunación completo no solo protege al niño, sino que
también reduce el riesgo de brotes dentro del ámbito escolar.
Los médicos también remarcan
que reutilizar certificados de años anteriores o firmar fichas sin evaluación
médica puede generar una falsa sensación de seguridad. Cada año el cuerpo
cambia, especialmente durante la infancia y la adolescencia. Un control
actualizado y completo es la mejor forma de prevenir riesgos y cuidar la salud
de los chicos en la escuela.
Realizar el apto físico
escolar de manera responsable no solo cumple con una exigencia institucional,
sino que contribuye a una infancia más saludable, con actividad física segura,
controles médicos reales y vacunación al día. BP
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