La
fiebre amarilla es una enfermedad que se puede presentar cuando un mosquito de
las especies Aedes aegypti y Haemagogus infectados pican a una
persona.
Los
mosquitos que transmiten la fiebre amarilla pican durante el día y se
reproducen en ámbitos domésticos, cerca de casas o fábricas, y en bosques o
selvas. La OMS define esta infección como ‘una gran amenaza’, ya que
existe el riesgo potencial de que se propague por todo el mundo, representando
un desafío para la seguridad sanitaria mundial.
La
entidad también indica que, al momento, hay 13 países de América Central y del
Sur, y 34 de África, en los que la enfermedad es endémica, en todo el
territorio o en algunas regiones.
La
fiebre amarilla es prevenible mediante vacunación, una opción segura y
asequible.
Otras
para prevenir la fiebre amarilla son el control del vector, la forma en la
que se denomina al mosquito en la jerga de salud pública, y que medidas
involucran generalmente a individuos pero también a comunidades o gobiernos
locales; y el uso de mosquitos que representan una barrera física eficaz contra
la picadura de insectos.
La
vacuna contra la fiebre amarilla se recomienda desde los nueve meses en
adelante, para personas que viven en zonas donde circula este mosquito, o
viajan a lugares de riesgo.
Normalmente,
una sola dosis de la vacuna es segura y proporciona protección de por vida
contra la fiebre amarilla.
Algunas
personas pueden tener un mayor riesgo de desarrollar una reacción a la vacuna.
Siempre
hay que consultar con un profesional de salud sobre la decisión de vacunarse.
La
vacuna es una forma viva y debilitada del virus. Para la mayoría de las
personas, una sola dosis inmuniza contra la fiebre amarilla proporcionando
protección duradera y no se necesita una dosis de refuerzo.
Sin
embargo, quienes viajan a zonas con brotes en curso pueden considerar recibir
una dosis de refuerzo de la vacuna si han pasado 10 años o más desde la última
vez que se vacunaron.
Síntomas y pronóstico
El
periodo de incubación de la fiebre amarilla es de tres a seis días. Muchas
personas no experimentan síntomas. Algunos síntomas comunes son:
·
Fiebre
·
dolor muscular
·
dolor de cabeza
·
pérdida de apetito
·
náuseas o vómitos
En
la mayoría de los casos los síntomas desaparecen en tres o cuatro días.
Un
pequeño porcentaje de pacientes ingresa a las 24 horas de la remisión inicial
en una segunda fase, más tóxica. Vuelve la fiebre elevada y se ven afectados
varios órganos, generalmente el hígado y los riñones.
En
esta fase son frecuentes la ictericia (color amarillento de la piel y los ojos,
hecho que ha dado nombre a la enfermedad), el color oscuro de la orina y el
dolor abdominal con vómitos. Puede haber sangrado por la boca, nariz, ojos o
estómago. La mitad de los pacientes que entran en la fase tóxica mueren en un
plazo de siete a diez días.
Tratamiento
No
hay un medicamento antiviral específico para la fiebre amarilla. Los pacientes
deben guardar reposo, mantenerse hidratados y consultar con un médico.
Dependiendo de las manifestaciones clínicas y otras circunstancias, los
pacientes pueden ser enviados a casa, ser derivados para su manejo en el
hospital o requerir tratamiento de emergencia y derivación urgente. El
tratamiento para la deshidratación, la insuficiencia hepática y renal y la
fiebre mejoran los resultados.
Historia epidemiológica
Desde
1970, la fiebre amarilla ha resurgido como una amenaza para la salud
pública en las Américas. La enfermedad es endémica en territorios y
regiones de 13 países y territorios de América Central y del Sur (Argentina,
Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Panamá, Paraguay,
Perú, Surinam, Trinidad y Tobago y Venezuela), causando brotes y muertes.
En
2014, el virus se propagó más allá de la cuenca amazónica. Algunos atribuyen
esta propagación a cambios en los mosquitos y en los humanos.
En
2025, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una alerta
epidemiológica sobre la fiebre amarilla en las Américas debido al reciente
aumento de casos humanos confirmados en varios países de la región y un cambio
en la distribución geográfica de la enfermedad. Este aumento se ha observado
durante los últimos meses de 2024 y las primeras semanas de 2025.
Mientras
que en 2024 los casos se concentraron principalmente en la región amazónica, en
2025 la enfermedad comenzó a extenderse a áreas fuera de esta zona. CdeB
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